Vikinga Tropical y Nico Mejía promueven en Colima producción de libre pastoreo

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Vikinga Tropical es una granja en el valle de Tecomán, que se ha convertido en una opción de consumo saludable en productos de origen animal, mediante la crianza en entornos felices y de libre pastoreo de aves, cerdos, reses, pavos y otras especies, que permiten alimentos más naturales en los hogares colimenses.

En una charla con el chef Nico Mejía, la propietaria de Vikinga Tropical, Warenka Smutny Valle, afirma que no es sostenible el nivel de dieta tan dañina que comúnmente se lleva; que la gente sí está interesada en comer bien y comer sano, por eso se requiere una regeneración de la tierra, otra práctica de pastoreo y que no haya maltrato animal.

“Es necesario la regeneración de la tierra; ahorita los cultivos no dan lo que daban antes, tú puedes platicar con cualquier ranchero y te dirá que ahora le tiene que echar, y echar y echar fertilizantes, porque la tierra ya se toma como un sustrato nada más y no como un ser vivo”, mencionó Warenka.

Por su parte, Nico Mejía señaló que es necesario contar con más espacios de este tipo. “Queremos más lugares así y que los jóvenes se den cuenta qué es lo que consumen, porque la mayoría no sabe ni lo que come. Nos hablabas de los productos de libre pastoreo y hay quienes nol os conocen porque consumen productos procesados”.

Información que se encuentra en sus redes sociales de la granja, refiere como ejemplo el caso de las aves que producen en pastoreo rotacional, es decir, alternando su estancia en varios potreros que les permite una dieta variada, saludable y natural para su correcto desarrollo.

Se explican que al tener una vida feliz y espacio suficiente, es raro que un animal se enferme y contagie la enfermedad, ya que no está bajo estrés, ni en confinamiento ni vive sobre sus excretas, como en los sistemas convencionales, por lo tanto, no se requiere suministrarles antibióticos, químicos u hormonas.

La dueña de Vikinga Tropical narró que la idea de crear un lugar así nació cuando siendo estudiantes de veterinaria visitó varias granjas industriales, donde se dio cuenta de que no quería comer lo que ahí se producía por todo lo que implicaba, el sufrimiento animal, el contenido de la carne y por el daño que esta le hace al cuerpo.

“Las dietas de esos animales son inflamatorias y, por el contrario, si comen a pasto como lo hacemos aquí, esas dietas y esos animales son antiinflamatorios. Para mi así de importante como producir es inspirar, y hacer educación en redes para que pueda haber más interés en que haya lugares y espacios de regeneración”, asegura.