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Las 7 citas más desastrosas que ha vivido el staff de EstaciónPacífico

Bien dicen que las primeras citas siempre nos ponen nerviosos; a veces pueden ser el principio de una relación amorosa o una amistosa, pero también pueden ser el principio y el fin de nada.

A continuación te presentamos un conteo de las malas experiencias que ha tenido el equipo de EstaciónPacífico.com.

 1. El engreído 

Fue en mi segunda cita con un muchacho que en un principio me gustó mucho. Fuimos a un lugar muy concurrido y popular de Colima, y desde que llegamos no paró de hacerme ver lo intelectual que se creía, de minimizarme constantemente, de “explicarme” el feminismo, de hacerme comentarios incómodos como que la gran mayoría de las mujeres presentes en ese lugar le habían mandado mensajes provocadores… y que quería llevarme al motel. Fueron más de dos horas aguantándolo. Cuando nos despedimos, quedé en mandarle mensaje para volver a salir. Obviamente eso no sucedió.

—Amaranta Muñoz, reportera.

 2. Cita fallida 

La historia se remonta a aquellos días en los que no había el famoso ‘covi’. No puedo considerar que sea una cita fail porque la compañía y el momento resultó agradable. Durante semanas planee con una chica ir a cenar taquitos a un negocio que estaba en el centro y se veía muy prometedor; les traíamos ganas por su publicidad en Facebook. Por alguna u otra razón no nos poníamos de acuerdo para salir, hasta que un día definimos una fecha para ir a ‘calar’ esos tacos… pero cuando llegamos ya era tarde y estaba cerrado, así que terminamos comiendo dogos en un Oxxo que estaba al otro lado del puesto.

Roberto Rodríguez, reportero.

 3. El ególatra del mansplaining 

Esta historia de cita fallida fue patrocinada por las benditas redes sociales…y Walmart. Ocurrió hace varios años; resulta que me invitaron a cenar, se trataba de un muchacho con quien había intercambiado unos pocos mensajes por Myspace (uuuuh, ya llovió, ya sé). Por alguna razón que ahora ya no recuerdo, el plan cambió y terminamos yendo al súper (yo necesitaba unas cosas, él también, nada podía salir mal) y aquí sí quisiera aclarar: yo amo ir al súper, es una actividad que disfruto un montón, pero esa fue la visita menos memorable que hice jamás. El hombre tenía un cotorreo muy nefasto, muy ególatra el asunto, no dejaba de mansplainearme TODO, hasta el tipo de música que escucho y mis decisiones sobre qué estudiar, ja. La neta apliqué la básica: ‘La llamada’ (“¿Sí? ¿Mamá? ¿Necesitas que esté en la casa? ¿Ya de ya? Oh, bueno, voy en camino”). Le dije que tenía que salir corriendo y me subí a un taxi, con la promesa de volver a mensajear después, algo que, desde luego no ocurrió.

Celina Pinto, coordinadora editorial.

 4. La cita no cita 

No sé si fue una cita o no, sigo creyendo que fue una ida al cine “de amigos”, y aunque a ambos nos gustaba mucho ver pelis, era la primera vez que íbamos juntos. Yo suelo hablar y payasear sobre lo que sucede, pero no sabía si ella era del tipo de persona que también hace eso o que prefiere enfocarse en lo que pasa en la pantalla, así que fueron casi dos horas de aguantarme las ganas de opinar para no incomodar. Al final, cada quien se fue para su casa y no volvimos a hablar sobre el tema.

Daniel Álvarez, reportero.

 5. La cita interrumpida 

Todo fue bien durante la pre-cena, la cena, la bebida, el chascarrillo, el besillo, hasta que fue momento de volver y me pidió que la llevara a casa, lo cual con gusto acepté; sin embargo, a medio camino siento cinco uñas encajándose en mi brazo derecho y escucho su delicada voz diciéndome en tono urgente “PÍSALE”. Fue necesario aplicar la velocidad y toda habilidad al volante para poder llegar pronto a casa, sin embargo, unas cuadras antes (en un sector complicado de la ciudad) me pidió detenerme para entrar a un hotel, no para lo que creen, sino porque a sus intestinos les urgía una solución a un problema creciente de esos que tienes que ocultar durante una cita. Lo único que nunca voy a poder ocultar fue ese aclarativo que a mi olfato llegó cuando se bajó en el susodicho hotel porque ya no alcanzamos el camino completo a casa.

Carlos Álvarez, coordinador de diseño.

 6. El filósofo misógino 

Alguna vez acepté salir con un susodicho al que no conocía muy bien: “Nomás de compas, no te estoy tirando la onda…”, el clásico. Fuimos a tomar unas chelas y, tras una charla poco memorable, tomamos un taxi hacia su casa, que quedaba cerca de la mía. Acepté pasar un rato, pero cuando comenzó a quitarse el pantalón “porque tenía calor” supe que era momento de irme. “¿Tan temprano?”. Algo le habré inventado sobre tareas pendientes. Insistió en acompañarme hasta mi casa, solo para decirme al despedirnos (palabras más, palabras menos) que cada vez entendía mejor por qué Nietzsche había dicho que las mujeres sólo servían para tener hijos. Hasta filosófico se puso el muchacho para justificar su propia misoginia.

Mariel Quirino, redes y proyectos especiales.

 7. El intenso 

Cuando uno ya tiene un recorrido largo en esta vida y en la búsqueda del amor, pues obviamente ha tenido bastantes experiencias penosas o hasta chistosas; pero más que pensar en cosas penosas hechas por personas con las que salí, yo me abstendría de hacer un escarnio público de alguien que, aunque fuéramos muy jóvenes e inmaduros, tuvo algún interés en mí y me compartió su tiempo; creo que puede ser más chistoso hacer una autoevaluación del que fui yo de joven: como cuando una novia que tuve, que por cierto había terminado la relación o le había puesto pausa, por alguna casualidad entré en un ataque de celos, asumí que estaba en algún lado con un nuevo amor y la busqué a medianoche por toda la ciudad… No sólo es penoso ser un machito celoso, sino que también que fui bastante tonto: resultó que ella ya estaba plácidamente en su casa; o la vez cuando una novia que tuve por siete días en primero de secundaria me terminó y yo no lo podía aceptar, le llamé diario como por dos semanas para insistir, quería entender la razón para ya no querer continuar con el incipiente noviazgo, hasta que me dijo: “Miguel Ángel, hay cosas que no tienen explicación”… ¡Cuánta razón tenía! Aclaración: han pasado 25 años o más de ambas historias.

Miguel Ángel Vargas, director general.

 

¿Alguna vez has tenido una cita que haya sido desastrosa? Cuéntanos, te leemos.

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