Las lecciones que la 4T puede sacar de Brasil y la ‘derechización’ de América Latina, según Jorge Zepeda Patterson
Gobernar para los pobres y mejorar sus condiciones de vida no necesariamente basta para conservar su respaldo político: los gobiernos de izquierda necesitan también crecimiento, empleo, seguridad, buenos servicios y resultados que mantengan satisfecha a la ciudadanía.
Esa es una de las principales reflexiones de Jorge Zepeda Patterson en su columna Pensándolo bien, que se titula Brasil y México, gobernar para los pobres no basta, publicada este martes en Milenio, https://www.milenio.com/opinion/jorge-zepeda-patterson/pensandolo-bien/brasil-y-mexico-gobernar-para-los-pobres-no-basta, en la que analiza el retroceso electoral de distintos gobiernos progresistas de América Latina y las lecciones que esa tendencia podría dejar a la Cuarta Transformación en México.
Zepeda parte de lo ocurrido en Argentina, Chile, Bolivia, Colombia, Honduras, Ecuador y Perú, así como del riesgo de que Lula pierda el gobierno de Brasil, para preguntarse por qué proyectos que llegaron al poder con un importante respaldo popular terminan perdiéndolo.
Su explicación no niega los resultados de las políticas redistributivas. Por el contrario, reconoce que aumentos salariales, transferencias y programas sociales mejoran el poder adquisitivo y las condiciones de vida. El problema, sostiene, aparece cuando esas mejoras no van acompañadas de suficiente inversión, crecimiento y generación de empleos.
Hay además una paradoja: cuando las personas mejoran sus condiciones de vida también aumentan sus expectativas. Ya no esperan solamente apoyos o mejores ingresos; demandan seguridad, servicios públicos eficientes, oportunidades y gobiernos capaces de resolver sus problemas cotidianos.
Dicho de otra manera, una de las lecciones que puede desprenderse del análisis de Zepeda es que no basta con conservar beneficiarios; hay que conservar ciudadanos satisfechos.
Entre las fuentes de ese descontento, Zepeda Patterson pone especial atención en la corrupción y la inseguridad. A medida que se desgasta un gobierno y dejan de cumplirse algunas de las expectativas que generó, señala, el malestar puede alimentarse de “distintas mezclas de corrupción, inseguridad y escándalos”, además de los errores del propio gobierno o de sus dirigentes.
La advertencia es especialmente relevante porque esos problemas pueden terminar pesando en la evaluación ciudadana incluso frente a logros económicos o sociales. Una persona puede reconocer que mejoró su ingreso o que recibe un programa social y, al mismo tiempo, estar descontenta porque se siente insegura, percibe corrupción o considera deficientes los servicios que recibe. Para un gobierno de la 4T, nacional o local, la política social puede generar bienestar, pero no necesariamente compensa de manera indefinida el deterioro en otras áreas de la vida cotidiana.
Aunque su análisis está planteado en términos nacionales, la reflexión resulta aplicable también a los gobiernos estatales y municipales de la 4T, incluido Colima: los programas sociales y la redistribución pueden construir un piso de bienestar, pero la evaluación cotidiana de un gobierno pasa también por la seguridad, los servicios públicos, el crecimiento económico y la capacidad de resolver problemas concretos.
Para Zepeda, México todavía cuenta con ventajas importantes frente a otros gobiernos progresistas de la región, entre ellas la fortaleza política de Claudia Sheinbaum y la integración económica con Estados Unidos. Pero eso no elimina el riesgo del desgaste.
La lección que deja el giro político latinoamericano puede resumirse entonces en una idea sencilla: gobernar para quienes menos tienen sigue siendo fundamental, pero para conservar su confianza también hay que gobernar bien.



