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Seguridad

La violencia en Colima, cosecha de décadas: director del Índice de Paz

Estructuras y un tejido social debilitadas a lo largo de décadas fueron el ‘pecado de omisión’ que propició la crisis de violencia en Colima, consideró el director en México del Instituto para la Economía y la Paz, Carlos Juárez Cruz. Y puso la pregunta en el aire:

“¿Qué es lo que hemos dejado de hacer en las últimas décadas que cuando llegó esta ola de violencia nuestras estructuras sociales estaban tan débiles que el actor violento está arrasando con nuestra población?”, cuestionó en entrevista con Miguel Ángel Vargas de EstaciónPacífico.com en RadioLevy.

El experto en temas de paz y violencia refirió que cuando el crimen organizado llega a una localidad, si esta “no está lista para hacerle frente”, es decir, no tiene instituciones fortalecidas, ciudadanía participativa y sus índices de corrupción son altos, es más probable que la inseguridad escale rápidamente.

“Colima ha visto no diría un incremento, sino una explosión en sus índices de violencia en los últimos tres años: la tasa de homicidios se cuadruplicó en los últimos tres años, sería muy lógico que la gente en Colima se preguntara qué pasó”, indicó.

“Se habla mucho de que antes estábamos bien y ahora estamos mal; en realidad lo que habría que preguntarnos es qué hemos dejado de hacer en las últimas décadas que cuando llegó esta ola de violencia, nosotros, nuestras estructuras y tejido social estaban tan débiles que el actor está arrasando con nuestra población”, abundó.

El especialista añadió que en 2017 la tasa de homicidios dolosos creció 11% en relación con el año anterior, con 24 asesinatos por cada 100 mil habitantes, por lo que considera que la estrategia de combate a los grupos de la delincuencia organizada no ha funcionado y no ha dado los resultados que la población espera, pues se ha basado en un “descabezamiento” de cárteles que únicamente ha propiciado que las pequeñas células criminales se multipliquen.

“Al endurecer las políticas de combate al narcotráfico, están mirando hacia otras conductas como el secuestro, cobro de piso, la extorsión, conductas que de alguna manera lastiman más a la sociedad”, destacó.

A continuación te presentamos los fragmentos más relevantes de la entrevista con Carlos Juárez Cruz.

 —¿Qué arroja este Índice de Paz 2018 en términos generales? ¿Dónde están las preocupaciones, las zonas más alejadas de la paz, las zonas más violentas del país? 

“Bueno, desafortunadamente a nivel nacional la paz en México se deterioró un 11% el año anterior, sobre todo impulsado por una alta tasa de homicidios, 24 homicidios por cada 100 mil habitantes, lo que equivale a más de 29 mil, el año más violento del que tenemos registro.

“Pero quizá más alarmante es que el crimen organizado no nos dice toda la historia completa; ahora encontramos que el año pasado se incrementó la violencia interpersonal, encontramos que la violencia doméstica se ha incrementado 32% durante los últimos tres años. Esto ya nos habla de otra historia, nos habla no sólo de un problema de armas, patrullas, policías y militares, sino de que nuestras dinámicas de interacción están siendo violentas”.

 —¿Cuáles son las raíces profundas de eso? 

“La violencia es multifactorial, de hecho son muchos tipos de violencias, y cada una, si bien está relacionada con la otra, merece un enfoque específico, por eso es que el fenómeno de la violencia necesita ser abordado desde miradas más integrales que van desde un enfoque gubernamental de política pública, pero también pasan por revisar las dinámicas en casa, qué estoy haciendo yo para ser violento y que estoy haciendo yo para conseguir paz”.

 —¿Cómo atender la gravedad de una problemática en el corto plazo? 

“Hablemos de Colima. Colima ha visto no diría un incremento, sino una explosión en sus índices de violencia en los últimos tres años, la tasa de homicidios en Colima se cuadruplicó en los últimos tres años, sería muy lógico que la gente en Colima se preguntara qué pasó en los últimos tres años. Se habla mucho de que antes estábamos bien y ahora estamos mal, en realidad lo que habría que preguntarnos es qué hemos dejado de hacer en las últimas décadas que cuando llegó esta ola de violencia, nosotros, nuestras estructuras y tejido social estaban tan débiles que el actor está arrasando con nuestra población.

“Cuando llega el crimen organizado a una sociedad, si esta sociedad no tiene instituciones fuertes, no tiene ciudadanía que sea participativa, no tiene bajos niveles de corrupción, y todos estos ocho pilares están débiles, cuando llega un actor violento, entonces esta sociedad no está lista para hacer frente.

“Bajo esa lógica, tenemos que preguntarnos cuánto tiempo nos va a tomar recuperarnos. Está claro que la estrategia de combate a los grupos del crimen organizado no es la mejor, no está funcionando y no está dando los resultados que queremos, hay una lógica de descabezamiento de cárteles que solamente está multiplicando a los grupos del crimen organizado, los está haciendo pequeñas células y que al endurecer las políticas de combate al narcotráfico están mirando hacia otras conductas como el secuestro, cobro de piso, que lastiman más a la sociedad”.

 —¿Si el gobernador buscara al Instituto para una asesoría, les hablarían de las causas profundas y pudieran hacer recomendaciones para atacar esas causas conjuntas?, ¿cómo manejar esta visión de largo plazo con las urgencias del corto plazo?  

“Nada nos daría más gusto que un gobierno municipal o entidad de gobierno nos contactara, es justo lo que queremos hacer, esta información es pública y gratuita y es para todos, pero creo que los datos que aportamos deben ser mucho más valiosos para quienes tienen en su poder la toma de decisiones.

“Sería importante incorporar estos elementos a las políticas públicas, lo que la experiencia de otros países nos dice es que hay mucho que hacer en el corto plazo, hemos hablado de la impunidad, cómo lastima las relaciones entre la población y sus autoridades, la incapacidad de las instituciones de impartición de justicia para realmente investigar y procesar a quienes cometen algún delito ha lastimado muchísimo a la sociedad. Si no hay consecuencias, entonces es una invitación para que más personas se empoderen y comentan más delitos; además, la impunidad es un inhibidor de la denuncia”.

 —En la medición que ustedes hacen salen los estados donde hay disputas entre grupos del crimen organizado, es algo que se repite…  

“Si analizamos a los cinco estados menos pacíficos del país, cuatro de ellos están en la ruta del trasiego de drogas hacia el norte: Guerrero, Colima y las Baja California, claramente hay un fenómeno global, es un mercado de miles de millones de dólares al año.

“En esa parte quizá no lo podemos controlar a nivel local, no está en las manos de los colimenses, pero hay cosas que sí se pueden hacer, no sólo es crimen organizado, es delincuencia común, son las relaciones interpersonales, si bien hay un fenómeno global que nos está afectando, también hay un problema doméstico y hasta personal. Si asumimos que de alguna manera todos somos violentos quiere decir que también podemos dejar de ser violentos y construir paz. Esto quizá no terminará con los grupos del crimen organizado pero sí eventualmente va a ir permeando en las relaciones sociales, en la participación y vamos a ir fortaleciendo las instituciones”.

 —Si te buscaran las autoridades estatales, el gobernador, algunos de los alcaldes, qué recomendaciones se podrían dar desde el Instituto para atender este brote de violencia?  

“Cada estado, municipio y región tiene sus particularidades, no me atrevería a dar una recomendación porque Colima no es el objeto de estudio, pero hay recomendaciones generales que vemos que funcionan.

“Insistir en el tema de la impunidad: muchas veces creemos que todo tiene que ver con la delincuencia organizada, y a nivel local las autoridades sacan las manos porque dicen que no les toca; en realidad, hay mucho que asumir de responsabilidad. Hasta hoy, no sabemos cuántos de los homicidios tienen que ver con crimen organizado y cuantos no, la mayoría de los homicidios no se investigan, entonces no podemos saber a qué se deben. Hay mucho que hacer desde el nivel local donde se diseñan políticas públicas, una combinación de contención y prevención puede funcionar”.

No todo es prevención, los gobiernos muchas veces hablan de prevención, pero no va a dar resultados mañana. Si hoy comenzamos a prevenir, estamos previniendo la violencia dentro de cinco o 10 años”.

 —En el caso de Colima, ¿qué refleja este impacto económico per cápita que ustedes miden? 

“Medimos cómo la violencia impacta a la sociedad, cuando un evento de violencia sucede, hay otros fenómenos alrededor: atención medica, gastos funerarios, gastos de los policías, los gastos de perseguir el delito, los gastos en armas, patrullas, pero también hay una serie de conductas que se alteran cuando aparece la violencia, si íbamos a invertir en un negocio ya no lo hacemos, si íbamos a comprar, si íbamos a viajar… la economía se deteriora, entonces podemos estimar cómo a cada estado le impacta la violencia.

En Colima tiene el impacto per cápita mas alto del país con 95 mil pesos por cada habitante; tiene que ver también por la baja población de Colima, pero si lo contrastamos con Yucatán, que tiene el impacto más bajo con 9,700 pesos (es) menos del 10%, la pregunta sería qué podríamos hacer con ese dinero”.

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