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El caso Marx Arriaga: puristas, ‘libre pensadores’ y el futuro de Morena

Marx Arriaga se atrincheró en su oficina, pidió que lo grabaran, transmitió en vivo por horas, en vivo se victimizó, o al menos lo intentó, aunque muchos lo que vimos fue una muestra de una gran soberbia.

Muy obradorista, muy de izquierda, muy puro, pero buscó poner en una situación por demás difícil a un trabajador, con mucho menos poder que él.

“Pero voltee a la cámara para que quede marcado en la historia que fue uno de los que corrió al que diseñó los libros de texto en este país, desde el obradorismo”… dijo a un guardia de seguridad.

“Va a necesitar la fuerza armada (para sacarme)… Venga compañeros, sean valientes, por una vez en la vida”, dijo a otros oficiales.

Resultó ofensivo su ataque a trabajadores que sólo seguían una indicación de acompañar a la salida a un funcionario público que en ese momento dejaba de serlo.

Pero no sólo eso, sino que con sus dichos y su egolatría quiso adjudicarse la autoría de todo el trabajo sobre los libros de texto gratuitos que se había hecho en el marco del esfuerzo de conformación de la “Nueva Escuela Mexicana”, lo cual, según se había difundido, contó con la participación de cientos y cientos de maestras y maestros de todo el país.

La soberbia retrata al personaje en cuyo nombre lleva la encomienda de asumirse relevante, reivindicativo, pero también trasnochado en las formas y lenguaje, como parte de una época que ya es historia.

También se mostró, me parece, patriarcal y desleal. Si desde su perspectiva (“marxista”, ¡plop!) se tiene que cuidar al “obradorismo” y su legado, hacer un drama público es dañar al movimiento, es buscar minar el liderazgo de la presidenta y obligarla a fijar postura de un tema que no tendría que llegar a la esfera pública.

La unidad, la disciplina y la resolución interna de los conflictos, son cualidades que permiten a los movimientos políticos conservar y acrecentar su poder y, con ello, su relevancia para la sociedad de la que forman parte y a la que buscan transformar.

Hoy Marx se atreve a lo que no se atrevería a hacer en el sexenio de López Obrador.

En la superficie de sus argumentos, hay dogmatismo sobre el purismo ideológico que dice defender, pero en el fondo hay machismo, misoginia y patriarcado; se autoengaña con argumentos ideológicos, cuando sus hechos muestran una falta de respeto al liderazgo de la presidenta. Si por la razón que sea lo hubieran removido de su cargo en el sexenio anterior, jamás se habría atrevido a generar este teatro.

Ella, con la capacidad que la caracteriza para no comprar pleitos que no necesita y que no le abonan, evidenció que al señor Marx Arriaga no le asiste la razón, que fortalecer los apartados sobre la relevancia de las mujeres en la historia nacional, no es modificar el espíritu de lo que se plasmó en los libros de texto gratuito.

Pero me parece que lo más relevante del episodio es lo que deja ver sobre el movimiento político del que forma parte. No es una novedad que hay una tensión entre grupos al interior de Morena. El diccionario cuatroteísta ha dividido a estos grupos en puros y pragmáticos, pero resulta evidente que no sólo estos dos grupos existen al interior de Morena, y que la firmeza ideológica no es la única característica que divide al interior del modernismo y que les genera tensiones.

En la campaña de 2018 que lo llevó a la Presidencia, el líder moral de este movimiento, habló en más de una ocasión de que eran un “movimiento de libre pensadores”, y que en ese sentido era bienvenida la libertad de pensamiento y que se valía diferir.

Pero pasaron los meses y los años, y el desgaste de gobernar y la persistencia de algunos problemas que no se resuelven con pureza ideológica, y las menciones de López Obrador a que Morena y la 4T es un movimiento de “libre pensadores” se fueron haciendo cada vez más escasas.

La práctica común era que todo el movimiento escuchaba La Mañanera tempranito cada día, para saber cómo fijar postura sobre cualquier coyuntura o dilema. No es que el líder exigiera sumisión, es que era tan fuerte su liderazgo, que sus seguidores y sus colaboradores se sentían muy pequeños ante él y la gran mayoría creía que tenían que congraciarse con López Obrador repitiendo con punto y coma sus ideas y consignas.

Fuera de la ultraderecha gritona, misógina, patriarcal e irrelevante que quiere asegurar que se sigue gobernando desde una lejana finca en Chiapas, las y los mexicanos sabemos con claridad que Claudia Sheinbaum Pardo es congruente y leal al movimiento del que forma parte, pero que tiene una trayectoria, un criterio y un liderazgo perfectamente diferenciado y diferenciable.

Hoy ella manda y lo hace con su estilo, su criterio y su visión. Hay elementos para decir que la Presidenta es más abierta que su antecesor a la discusión respetuosa y profunda, a enriquecer la toma de decisiones con la pluralidad de perspectivas.

Pero el vergonzoso episodio de Marx Arriaga deja en evidencia que Morena, como movimiento o proyecto político y como partido, tiene que hacer un trabajo profundo para administrar sanamente el debate interno, para mejorar la manera en que canaliza las diferencias de manera institucional.

Morena sabe de dónde viene, y sus antecesores en la izquierda mexicana del siglo XX tienen claro que sus principales obstáculos para llegar al poder fueron internos.

Operar de verdad como un movimiento de “libre-pensadores”, es clave no sólo para que Morena pueda mantenerse unido y así conservar la presidencia en 2030, sino para su viabilidad de largo plazo como una institución política que busca ser la vía por la que los anhelos de bienestar, justicia y paz del pueblo de México, se conviertan en una realidad.

*Miguel Ángel Vargas Vaca es politólogo, economista, periodista y asesor en comunicación política.

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