La diputada federal Claudia Yáñez publicó la semana pasada una fotografía sobre una reunión con el dirigente estatal de Morena, Sergio Jiménez Bojado, y con los legisladores locales Julio Anguiano, Carlos César Farías —que por cierto no votó con Morena en el tema del nombramiento de la presidenta de la CDHEC—, Claudia Aguirre, Miguel Ángel Sánchez (que ya está en el Verde) y Ana Sánchez Landa.
Y este fin de semana, también difundió en sus redes una fotografía con Mario Delgado, con el senador Joel Padilla y hasta con el diputado local del PT Carlos César Farías (de nuevo), acompañada del siguiente mensaje: “saliendo de la sesión del Congreso General de la @Mx_Diputados, fortaleciendo la alianza y la verdadera #4taTransformación”. El mensaje es de por sí revelador: si ellos son “la verdadera 4T”, ¿cuál es la 4T espuria? En política la forma es fondo y ese mensaje tiene forma (y fondo) de ‘tambores de guerra’.
No hay que olvidar que, una semana antes, en la visita de Delgado a su natal Colima, la diputada Yáñez lo acompañó en su gira y en ella la delegada Indira Vizcaíno no estuvo presente. Meses antes, en las primeras visitas que el coordinador de Morena en San Lázaro hacía a Colima en esa calidad, llegó a aparecer en ruedas de prensa con la delegada federal y con su homólogo local, Vladimir Parra. Incluso en uno de estos encuentros, Yáñez hizo una convocatoria alterna, en el mismo horario que Delgado había llamado a conferencia de prensa, para reunirse con las diputadas locales que habían dejado la bancada morenista y de ellos dejó constancia en redes.
Mario Delgado tenía ciertas alianzas o al menos trabajo colaborativo con algunos grupos locales. Hoy se ve que esas alianzas (o trabajo colaborativo) es con otros grupos. Conforme más se acerquen los tiempos de 2021, estas alianzas se vuelven más volátiles. Ya veremos quién termina de aliado de quién, por lo pronto, consignamos los cambios y que los ‘tambores de guerra’ están sonando.
Y es que resulta que tenían un contrato de arrendamiento por ese terreno desde hace un par de décadas, el cual finalizaba justo en estas fechas. Sin embargo, a la hora de renegociar una extensión o renovación, los dueños del predio quisieron casi duplicar el monto de renta que actualmente pagaba McDonald’s, para el que pedían cerca de 200 mil pesos por mes. Con esa exigencia, las sumas ya no salían para este emporio global de comida rápida.
No hubo margen de negociación, los dueños sabían cuánto querían y ni un peso menos iban a aceptar. Parece que tienen claro el potencial comercial que tiene esa esquina por su gran flujo vehicular. Aunque todavía están analizando opciones, todo parece apuntar que pronto habrá ahí una gasolinería.