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A 16 años del sismo que dejó heridas abiertas en la sociedad colimense

A las 8:06 pm del 21 de enero de 2003, un sismo de 7.6 grados Richter golpeó la costa del Pacífico mexicano y causó graves estragos en Colima, entre los que destaca una veintena de personas muertas. Esa noche marcó un antes y un después para los habitantes del estado, quienes todavía resienten los estragos que causó en su ánimo, y que también aún se resienten en la ciudad.

Colimenses de a pie, rescatistas, actores políticos… cada quien cuenta una parte que ayuda a entender el todo. Cada quien tiene una historia, o más, que relatar. Todos, incluida la ciudad, aprendieron a vivir con sus heridas.

“En el centro de la ciudad hay muchos lunares, muchos huecos, muchos lugares vacíos, a ellos no los pudimos ayudar porque eran terrenos que estaban intestados”, recuerda el entonces gobernador Fernando Moreno Peña, quien tiene grabada en su mente la imagen del Jardín Libertad repleto de damnificados solicitando apoyo.

Estas son sólo algunas de las historias de esos miles de afectados del sismo del 21 de enero de 2003.

 Víctimas 

Tomás González, vecino de la calle Guillermo Prieto, en el centro de Villa de Álvarez, una de las zonas más afectadas tras el siniestro, relata que la noche del temblor todo estaba cubierto de polvo, y al llegar hasta la habitación donde se encontraba su papá. Lo encontró sentado en su mecedora, sangrante.

“Hasta las rodillas me llegaron las tejas, como pude llegué a donde estaba mi papá, le cayó un ladrillo en la pura cabeza, ya estaba bien sangrado, pero me alcanzó a decir ‘hijo, qué fuerte estuvo, estuvo más fuerte que los que han pasado antes’. Fue lo único que me alcanzó a decir; llegando al Seguro, falleció. Toda la gente estaba sólo lamentándose”, rememora.

El padre de Tomás fue una de las 21 víctimas fatales tras el terremoto, de acuerdo con el estudio de Impacto Socioeconómico del sismo, publicado por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).

Ese mismo análisis refiere que el total de daños directos e indirectos ascendió a poco más de mil millones de pesos y el sector más afectado fue el de la vivienda, con más de 25 mil casas afectadas y pérdidas estimadas en 298 millones de pesos.

El segundo sector más afectado fue el del comercio y los servicios “de forma particular los pequeños establecimientos”. Este rubro sufrió pérdidas tanto en infraestructura física como en existencias por 127 millones de pesos.

Marisol Rodríguez vivió esta perspectiva desde un “pequeño establecimiento” en la zona centro de la capital. Ella trabaja en la calle Vicente Guerrero, donde varias casas se cayeron, y cuenta que el día en que “la tierra se cimbró”, sintió que no había hacia dónde correr.

“Empezaron a caerse las cosas que estaban detrás de mí, la laptop (…) Sí estuvo feo, la tierra se cimbró y como es zona centro no hay para dónde correr, hay vehículos, negocios”, detalla.

 Pánico 

A César Palomares, coordinador de la Cruz Roja, también le tocó el terremoto en el centro de Colima. Se encontraba precisamente en el estacionamiento de las instalaciones de la unidad de socorros cuando comenzó el movimiento telúrico.

“Llega mi compañero a saludarnos y en ese momento comienza a temblar (…) Se nos ocurrió que tal vez se iba a quitar, pero no fue así (…) Se fue la luz, comenzamos a ver polvo en algunas esquinas de la calle”, comenta.

Palomares explica que tanto él como sus compañeros tuvieron que activarse al instante para atender a la población: rescatar a quienes se quedaron atrapados en los escombros, atender a varias personas golpeadas por las estructuras que se derrumbaron, y en su mayoría ocuparse de quienes padecían crisis nerviosas.

“Decidimos sacar los vehículos, decidimos avanzar, mas no fue con facilidad porque en cada cuadra la gente nos abordaba, muchas crisis nerviosas, personas que se habían golpeado, raspones, heridas diversas”, refiere.

El sismo causó horror en María del Carmen Flores, también vecina de la Guillermo Prieto, en La Villa, y 16 años después el recuerdo y la inquietud todavía la asaltan.

“Agarré a mis nietos, los abracé, salimos corriendo, se me cayó un mueble encima (…) cuando nos salimos empezamos a ver que estaba horrible, había mucho polvo, no se veía casi nada (…) Cuando pasó un rato empecé a darme cuenta de que había muertos aquí por la Guillermo Prieto”, señala.

“Yo duré mucho tiempo sin meterme a dormir a la casa, nos fuimos a dormir con una hermana y yo tenía mucho miedo de que volviera a temblar, me daba mucho miedo. Todavía me da mucho miedo” admite.

 Prevención 

María del Carmen considera que a los colimenses aún les falta educación en materia de Protección Civil, aspecto que considera fundamental para salir adelante de una emergencia como la de aquella noche.

“Nos falta mucha educación, nos falta atender a las cosas que nos dicen, porque sí hay, sí nos dicen. Hay veces que somos desobedientes”, acepta.

Para el exgobernador Fernando Moreno Peña, la cultura de la Protección Civil fue precisamente la enseñanza que le dejó el terremoto, durante el último año de su sexenio.

“Tener sistemas de prevención, sobre todo en Colima que tenemos los tres grandes riesgos: el volcánico; el hidrológico, lluvias, huracanes, ciclones, y el de los temblores. Tres riesgos que no se erradican, son riesgos permanentes. La protección civil debe ser permanente”, refirió.

El exmandatario también tiene su historia: recapitula que esa noche, cuando comenzó a temblar, estaba tomando un café en Palacio de Gobierno. Acto seguido, salió a las calles para realizar un recorrido en compañía del entonces director general de Protección Civil estatal, Melchor Ursúa, buscó coordinarse con los alcaldes y envió a sus funcionarios a los otros nueve municipios para que lo mantuvieran al tanto.

“Entré en comunicación con el presidente de la República Vicente Fox por teléfono, invité al general de la zona a que se congregara en Protección Civil también y comenzamos a trabajar en beneficio de la gente. Esa noche no dormimos, a las 4 de la mañana llegué a Coquimatlán, había 500, 600 gentes durmiendo en el jardín”, calcula.

Moreno Peña no olvida que aunque se mantuvo en comunicación con la Presidencia de la República, los apoyos federales no llegaron a Colima hasta pasadas las elecciones del 6 de julio de 2003, más de seis meses después de la tragedia.

“Al día siguiente tuvimos una reunión en el Jardín Libertad con cinco mil gentes que demandaban atención del gobierno, hicimos reuniones muy grandes en todos los municipios, conseguimos apoyos, conseguimos créditos en bancos (…) La ayuda del gobierno federal llegó hasta después de la elección. Hubo ayuda de los japoneses, hubo apoyos económicos y en especie, la gente fue muy consciente”, afirma.

 Cicatrices 

El exgobernador refiere que tras el sismo el paisaje urbano de la entidad cambio drásticamente. Las antiguas casas colimenses, construidas con adobe, se derrumbaron en su mayoría y los terrenos donde se encontraban construidas estaban intestados.

Las familias que no pudieron acreditar la propiedad de los lotes no recibieron recursos para levantar de nuevo las viviendas y en la mayoría de esos casos, los predios quedaron en el abandono. Y así siguen 16 años después.

“En el centro de la ciudad hay muchos lunares, muchos huecos, muchos lugares vacíos, a ellos no los pudimos ayudar porque eran terrenos que estaban intestados, que no estaba resuelta la propiedad, habían muerto los familiares y no había un testamento, entonces no se le podía entregar un apoyo a alguien que no fuera propietario”, dice Moreno Peña.

El sismo del 21 de enero también guarda relación con el crecimiento de la mancha urbana, y es que colonias como el Mirador de la Cumbre  y Prados del Sur, en la capital colimense, fueron creadas para que ahí vivieran las personas que habían perdido sus viviendas.

“Donamos como gobierno lotes con servicios, así nacieron esas colonias, fueron sus primeros habitantes. Fueron (personas) albergadas y después les dimos un lote con servicios, les ayudamos con un pie de casa, hicimos un gran trabajo, tuvimos un equipo muy responsable, muy solidario”, asegura el exgobernante.

Con información de Fernanda Argote y Carlos Álvarez

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