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Marca Personal Política

@Marca_Personal | 3 años de Nacho como gobernador… ¿de administrar inercias?

Una de las más graves carencias y quizás el principal reclamo que se le puede hacer —y que yo le hago— al gobernador Ignacio Peralta es que, en los tres años que lleva su administración, no ha logrado romper inercias nocivas para Colima en dos temas centrales para el estado y para los que aquí vivimos: la seguridad y la economía.

En seguridad hay una profunda crisis que ya nadie pone en duda, y en cuanto a impulso económico, la crisis es que vivimos en el estancamiento, la inmovilidad, la mediocridad.

Hay teóricos del liderazgo que argumentan que seguir las inercias es uno de los principales enemigos de cualquier organización y percibo que en estos dos temas torales para los colimenses, la administración de Ignacio Peralta ha fomentado seguir con las inercias o simplemente no ha tenido la capacidad para romperlas.

A la sobre diagnosticada crisis de seguridad ya no le dedico mucho tiempo: el gobernador cree en la tecnología, en la capacitación, en aumentar el tamaño de las corporaciones estatales, cree en la coordinación con la Federación y los municipios… En todo esto ha invertido, pero todo esto de poco ha servido. No hay una disminución clara de la incidencia criminal, no hay tampoco claras mejoras en las percepciones de seguridad.

Pero las inercias en materia económica son quizás más graves: los patrimonios de los colimenses están en riesgo por la inseguridad, y los patrimonios de los colimenses no están creciendo.

 Las inercias financieras rotas 

Cuando hablo de inercias en lo económico, me refiero a la inversión, a la apertura de empresas, a tener claridad de cuáles son los pasos para aprovechar al máximo las vocaciones productivas del estado. No me refiero a lo que sí ha representado un logro, donde sí se han roto inercias del pasado: la gestión financiera-administrativa del estado.

No lo digo yo, ni lo evalúo yo, lo dicen con contundencia las calificadoras crediticias: ven mejores condiciones financieras hoy que hace tres años, pues bajó la deuda de largo plazo, se liquidaron y se refinanciaron pasivos de corto plazo y en el trayecto se logró convertir en patrimonio público estatal importantes espacios como La Campana y como las que fueran instalaciones de la 20 Zona Militar; y eso quedará como patrimonio estatal cuando Ignacio Peralta ya se haya ido.

Lo que también va a dejar, y que sin duda rompió también inercias financieras, es la nueva Ley de Pensiones que permite tener un sistema de pensiones que ya no está en quiebra por diseño y que tiene todo para volverse saludable y autofinanciable.

 Es la economía… 

Regresando al punto de la inercia económica que no se ha roto, mi preocupación es que el gobernador economista, el de la visión de largo plazo, el de los nexos con las élites económicas, ese gobernador, no ha logrado aterrizar en Colima una sola inversión de relevancia.

El nuevo puerto en Cuyutlán es un buen proyecto, pero no ha dejado de ser eso: sólo un proyecto. La posibilidades para que Manzanillo sea sede de instalaciones clave para la distribución de combustibles no han pasado de ser eso: sólo posibilidades. Los guiños al sector automotriz, quizás ni a guiños llegan.

El puerto de Manzanillo ha crecido porque, como los ríos, el dinero y el comercio encuentran su cauce, pero el crecimiento en el movimiento de contenedores se ha dado a pesar de todo lo que las autoridades han dejado de hacer. No sólo es bronca de las autoridades estatales, pero sí son éstas las que deberían llevar la batuta en este tema; del ámbito estatal esperaríamos ya no que se proyectaran las necesidades de infraestructura de cara al 2040, sino que comenzaran a construirse lo que hoy es ya una necesidad.

No podemos acostumbrarnos a la mediocridad, a administrar inercias, a sobrevivir esta tremenda crisis de inseguridad, ordenando a medias el desordenado crecimiento de la actividad portuaria. No queremos mitigar la falta de generación de riqueza y empleo con el mucho dinero sucio que se lava en Colima. El estado tiene condiciones para ser una potencia logística, agroalimentaria, cervecera, minera y de servicios, pero necesita un liderazgo que conjunte todos los esfuerzos, que sume causas y que construya una narrativa de hacia dónde vamos.

 ¿Qué hacer? 

¿Y qué hacer en la segunda mitad del sexenio para lograr romper las inercias? Aquí regresaría a otros dos temas que ya tocamos cuando el gobierno de Ignacio Peralta cumplió uno y dos años: la falta de prisa y la falta de confianza en parte importante de su equipo.

El gobernador tiene que entender que con menos de tres años por delante ya no puede seguir operando al mismo ritmo. Las cosas que decide hoy, se tienen que implementar hoy, y si sus operadores no le ayudan a aterrizar las cosas, entonces sus operadores le estorban, y lo que estorba se lo tiene que quitar de encima, no hay de otra.

En consonancia con lo anterior, al acercarse los tiempos político-electorales de la sucesión, el gobernador tiene que sumar a su equipo a gente que tenga ambiciones políticas, y que esté dispuesta a apostar su futuro político al éxito de esta administración. Los suspirantes en el otrora todopoderoso PRI colimense ahora parece que no quieren arriesgarse a verse muy priistas o muy nachistas, temen ver disminuidas sus posibilidades de futuro por dedicarle su presente a la actual administración.

El gobernador requiere de servidores públicos capaces que le apuesten su resto a que esta administración entregue buenas cuentas a los colimenses, no de políticos calculadores que busquen ‘nadar de muertito’ esperando que, así como el lopezobradorista, pase pronto por Colima otro tsunami que políticamente los reviva.

Ignacio Peralta (y Colima) necesita saber quiénes tienen la camiseta bien puesta.

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