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@Marca_Personal: El PRI y la Guardia, entre el ‘sí’ en los estados y el ‘no’ en el Senado

Los gobernadores del PRI quieren la Guardia Nacional en los términos que el presidente López Obrador indique; los legisladores del PRI la quieren bajo sus propios términos.

Los gobernadores del partido tricolor se han ‘puesto de tapete’ o, sin exagerar ni ofender a nadie, se han manifestado totalmente colaborativos. Han ofrecido un respaldo total al proyecto de la Guardia Nacional, aunque sea militarizada, y lo único que con claridad han alcanzado a plantear sobre el proyecto que se discute en el Senado es que quieren que dé certeza a los militares para actuar en funciones de seguridad pública. Militares patrullando las calles, aunque los tengan que ahora disfrazar de ‘guardias nacionales’.

La verdad es que los mandatarios no tienen muchas opciones. La mayoría tiene corporaciones locales mal equipadas, mal capacitadas, muy infiltradas y que en general han dado malos resultados. Están quizás desesperados ante un fenómeno que los sobrepasa.

En su reciente visita a Bucareli, no los fueron a convencer, los fueron a someter, digas que amablemente los invitaron a no hacerla de tos si es que quieren ayuda de la Federación.

Los senadores del tricolor ven las cosas distintas. Por su parte aseguran que no hay manera de que sus gobernadores los vayan a someter, que si acaso pudieran hacer el esfuerzo de intentar convencerlos, pero hay puntos que consideran irreductibles y entre ellos han insistido en el carácter civil del mando operativo.

De este jaloneo con desenlace impredecible podemos anticipar que los tres senadores de Colima avalarán la propuesta en los términos que el presidente decida. La senadora Gricelda Valencia (Morena) y el senador Joel Padilla (PT), por obvias razones; y en el caso de Gabriela Benavides (Partido Verde), seguramente también avalará la propuesta en los términos que defina Morena, y esto no por hacerle el favor al gobernador de Colima, que es priista, sino porque el planteamiento del Verde es acercarse a los morenistas tanto como se pueda.

Dos reflexiones me quedan de todo este tema: uno, que gobernadores y senadores tienen intereses muy distintos, incluso aunque ambos fueran completamente cínicos y sólo quisieran estar bien en las evaluaciones que de ellos hacen en la opinión pública.

Los senadores quieren ser congruentes, mostrarse con firmeza de convicciones, pues en ello, en ganar las discusiones, se define cómo son evaluados por sus electores. Incluso si gracias a lo avalado por ellos se solucionaran los problemas de violencia, sería una ‘medallita’ que ellos no se van a colgar. En cambio, si los especialistas y la opinión publica destroza lo que consideren la militarización del país, el costo puede ser más para ellos que para el propio Ejecutivo federal.

Los gobernadores, también preocupados por opinión pública, quieren una de dos cosas: que en realidad lleguen más elementos que disminuyan la violencia o el crimen, o quieren que sea el presidente de la República el que cargue con los costos políticos de no haber solucionado tan grave problemática social.

La otra reflexión es que el PRI está en un proceso de profunda crisis y falta de liderazgo. En el PAN se tomó la definición de ser claramente oposición y eso lo han respetado legisladores y gobernadores, la línea es una. El PRI, en cambio, se debate si quiere ser ‘PriMor’ o mantenerse como ‘PRIAN’, pero ahora en su nueva dimensión y en su nueva relevancia. Si las definiciones no llegan, el PRI correrá rápido el riesgo de no ser ninguna de las dos, de convertirse en nada.

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