#ElFaro: Nacho, más cerca de los Delgado / El accidentado arranque de la Guardia

Si el gobernador de Colima ya había tenido algunas actitudes de deferencia hacia el coordinador de los diputados federales de Morena, también oriundo de estas tierras y excompañero suyo en el ITAM, la designación de la referida funcionaria al frente de la cartera de Salud luce como un guiño más del mandatario local hacia el equipo cercano al presidente López Obrador, a quien —en distintos tonos— le ha manifestado algo más que el beneficio de la duda en asuntos clave para la entidad como la estrategia de seguridad.
Y, aunque todavía falta ver a quién nombra de manera definitiva como titular en dicha dependencia —por cierto que una mujer más en el gabinete abonaría a acercarlo a la aún lejana paridad de género—, el guiño está bastante… a menos de que en verdad se trate tan sólo de una coincidencia de apellidos.

Y es que si la tasa en Colima de casi 34 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, que es por mucho la más alta del país, no le parece a la administración federal suficientemente grave como para incluir al estado como una prioridad en su estrategia de pacificación, cuesta mucho pensar en qué otro elemento acercarle para persuadirlo —quizá signos de descomposición del tejido social como asesinatos de adolescentes y ancianas, o tener el poco honroso primer lugar en fosas clandestinas, o quizás la poco discreta presencia de todo tipo de organizaciones delictivas en el Puerto de Manzanillo.
Pero bueno, quizás estamos exagerando, porque si el presidente López Obrador este miércoles, en plena crisis de protestas de quienes integrarán la GN, tuvo tiempo de irse a jugar béisbol, tirar la polilla, fildear y macanear, debe ser porque en realidad no hay tal crisis y, como dijo tras analizar sus otros datos, lo único que está pasando es que alguien quiere meter “mano negra”.




