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‘Todo fue horrible, muy difícil’: el testimonio de una joven que por 3 años asistió a terapia ‘para curar gays’ en Colima

«Todo fue horrible. La verdad que todo fue muy difícil (…) Había bastante acoso para con mi vida», dice Adriana —cuyo nombre verdadero se omite por cuestiones de seguridad— una mujer colimense que en su adolescencia fue obligada a recibir terapias de conversión de orientación sexual, también conocidas como Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género (Ecosig), con las que se pretende “curar” la homosexualidad.

Adriana ahora tiene casi 30 años, pero cuando aún era menor de edad decidió confesar a sus padres que sentía atracción por personas de su mismo sexo. Fue entonces cuando inició una de las etapas más complicadas de su vida: sus padres, personas de fe, optaron por llevarla a la iglesia para «recibir ayuda» y cambiar su orientación sexual.

Con no más de 16 años cumplidos, la joven fue obligada a asistir a sesiones dominicales y a retiros espirituales en las que los ministros de la iglesia a la que acudía oraban «para cambiar su identidad» e impartían charlas en las que hacían énfasis en que hombres y mujeres «estaban diseñados para complementarse».

La joven relató que no fue hasta que ingresó a la universidad, y que pudo hacerse de cierta independencia financiera, que le fue posible poner un alto a la situación. Detalló que en específico un profesor universitario fue quien le brindó apoyo y le propuso hablar con sus padres para hacerles ver que las terapias de conversión estaban generando una profunda depresión en ella.

Sobre ese momento clave en su vida, su opinión luego de que las terapias de conversión fueran prohibidas en la entidad, su perspectiva sobre el actuar de familiares que obligan a sus seres queridos a acudir a estas sesiones, y su opinión respecto a aquellas personas que imparten las Ecosig, habló Adriana en entrevista con EstaciónPacífico.com.

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A continuación te presentamos los elementos más relevantes de esta conversación.

 —¿Cómo fue que llegaste a uno de estos sitios donde imparten terapias de “conversión”? ¿Cuál fue el motivo? 

«Cuando yo le comenté a mis padres, ellos tomaron la decisión de asistir a la iglesia con la intención de cambiar mi orientación sexual, entonces fue decisión de mis padres”.

 —Las personas que imparten este tipo de terapias, ¿cómo se autonombran? 

«Son ministros».

 —¿Dónde se impartían este tipo de terapias? 

«Las terapias las estaban haciendo, las hacen en la iglesia Cristo la Roca, que está por la colonia Las Torres».

 —¿Tenía costo? 

«No, solamente el diezmo de la iglesia que cada domingo se da».

 —¿Iban muchas personas? ¿de qué edades promedio? 

«Habíamos cinco personas. Era en el 2011, yo tenía 15 o 16 años, y ellos tenían unos cinco años más. Eran menores de 25, 27 años. Todas (las personas que acudían) era por imposición familiar. Los padres permitían muchísimas cosas. Nuestros papás permitían que revisaran nuestros teléfonos, que nos los quitaran».

 —¿En qué consisten estas terapias? 

«Uno de los pasos es identificar. Los ministros identifican que tienes un pecado y lo que hacen es querer cambiártelo, quitártelo. Hacen oraciones, todos los domingos, te pasan al frente y están orando por ti todos. También charlas. Yo llegué a tener una pareja y se enteraron”.

“Hicieron que fuera ella, que estuviera yo, y una de las ministras, que es hija del pastor, comenzó a hablar sobre la vagina, el pene, las cuestiones de que hay sexo masculino y sexo femenino y cómo funcionan. Eran charlas reflexivas. Constantemente te estaban bombardeando de lo que tiene que ser una mujer, con quién tiene que estar, que tiene que estar con un hombre, que el cuerpo de la mujer está diseñado para el hombre y el cuerpo del hombre está diseñado para el cuerpo de la mujer”.

“Luego los retiros en el centro que está en Comala, ahí nos encerraron en un cuarto a los que éramos del Ecosig y nos empezaban a gritar oraciones, a tocar nuestro cuerpo para que saliera el pecado y el demonio. Éramos cuatro”.

 —¿Cuál es el discurso que manejan en ese tipo de lugares? ¿qué le dicen a los asistentes? 

«Nos dicen que con la gracia de Dios, la oración y el ayuno vas a dejar de ser lesbiana o vas a dejar de ser homosexual. Que tú debes de entregar tu vida a Cristo y a Dios para que él cambie tu corazón y quite el pecado. Que quite esas tentaciones del diablo».

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 —¿Cómo fue tu experiencia en general? ¿qué es lo que menos te gustó? ¿qué es lo que más recuerdas? 

«Todo fue horrible. La verdad que todo fue muy difícil. Una de las cosas más fuertes para mí fue que se enteraron que unas de las chicas que estaban en el Ecosig eran pareja y me responsabilizaron a mí de eso. Uno de los ministros, en una sesión de jóvenes me señaló de que estaba apoyando el pecado y cosas por el estilo. Me quitaban mi teléfono por mucho tiempo, por una semana me dejaron sin mi celular. Había bastante acoso de estos ministros para con mi vida, el saber qué hacía, qué no hacía, el decirle a mis papás qué estaba haciendo, que mis papás fueran con ellos.

«Cuando tuve esa relación ellos mismos le pedían a mi mamá que hiciera cosas, que escribiera proverbios o versículos para que la relación que ella y yo teníamos terminara. Era un sinfín de cosas que hicieron contra mi persona y era totalmente un acoso constante».

 —¿Cuánto tiempo duró esta “terapia”? 

«Fueron tres años».

 —¿Cómo hiciste para reponerte anímicamente de esta situación a la que te enfrentaste? 

«Cuando fui mayor de edad y me pude distanciar un poco en cuestión económica de mis padres, y tuve un poco más de atrevimiento de salirme de una de las sesiones de terapia de conversión, que eran los sábados. Un grupo de amigos me estuvieron atendiendo, viendo, un maestro de la UdeC (Universidad de Colima) observó lo que yo estaba viviendo y habló con mis padres… me mandaron a canalización psicológica. A partir de eso se me permitió iniciar otro tipo de tratamiento y también a mis papás».

«Mis papás me dejaron en paz. Obviamente no lo entendieron en ese momento y no se disculparon en ese momento, pero me dejaron en paz, me dejaron de insistir y eso me permitió llevar otro tipo de tratamiento psicológico, e incluso terapia psiquiátrica».

 —¿Tus papás ya te aceptaron? 

«Mi mamá sí. Mi papá no lo comprende pero ya me aceptan».

 —Desde tu perspectiva, ¿por qué era necesario que se prohibieran este tipo de terapias? 

«Por el daño que ocasionan, no porque yo asistí y no funcionó, sino porque realmente te atrofia, te impide desarrollarte de una manera natural. Afecta tu personalidad, afecta tu seguridad, afecta cómo te relacionas con tus parejas. No es una cuestión de invalidarlas porque no funcionan, porque no logran lo que prometen; es una cuestión de prohibirlas por el daño que ocasionan. Afecta al individuo en su propio desarrollo psicosocial y de identidad».

 —Activistas y organizaciones buscaron por mucho tiempo que el Congreso local prohibiera las Ecosig… ahora que finalmente se concretó ¿qué le dirías a cada uno de estos actores? 

«Me dio mucho alivio, me regresó un poquito la esperanza porque cuando uno está pasando por una Ecosig te sientes muy solo. No encuentras la salida. Estás muy triste, llorando. El ver que hubo personas que no tuvieron que verme y no tuvieron que ver cómo yo sufrí, aún así les importó el cambiar estas prácticas, prohibirlas de manera legal, buscar un marco de legalidad que proteja a las personas es de agradecerse».

 —¿Qué le dirías a quienes obligan a sus familiares a acudir a este tipo de terapias? 

«A los familiares que obligan, entenderlos porque también ellos tienen su proceso de aceptación y de reconocerse como una persona que convive con alguien homosexual, transgénero, lesbiana, queer. Que sean empáticos, que a veces las cosas no van a ser como ellos lo piensan. Darse cuenta de que a veces la gente allá afuera acepta mejor que en casa».

 —¿Y a quienes imparten estas terapias? 

«Que se preparen porque ya les van a empezar a llegar los asuntos legales porque es necesario que les pongan un alto. Es imperdonable lo que están haciendo».

El pasado 27 de septiembre el Congreso del Estado de Colima aprobó penas de dos a cinco años de prisión y de 50 a 100 horas de trabajo comunitario a quienes impartan, promuevan, ofrezcan, apliquen, financien, sometan u obliguen a otras personas a recibir una terapia de conversión, también conocidas como Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género (Ecosig).

La aprobación se dio luego de que colectivos en defensa de los derechos de la comunidad LGBT y la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Colima instaran en diversas ocasiones a las y los legisladores locales a abordar el tema antes de que concluyeran los trabajos de la 59 Legislatura.

Con información de Amaranta Muñoz

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