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¿Milagro, suerte o por qué no impactó Simón las costas cerca de Colima?

El poderoso huracán alcanzó la categoría 4 y amenazó con ingresar a tierra cerca de Manzanillo. Sin embargo, un cambio gradual en su trayectoria lo mantuvo sobre el océano. ¿Qué ocurrió y por qué los pronósticos fueron cambiando?

Durante varias horas, el escenario parecía especialmente preocupante. Simón había alcanzado la categoría 4, con vientos superiores a los 240 kilómetros por hora, y avanzaba lentamente hacia las costas de Colima y Jalisco, donde los pronósticos contemplaban que pudiera ingresar a tierra.

Sin embargo, el huracán comenzó a desplazarse hacia el noroeste, alejando gradualmente su núcleo del continente y evitando un impacto directo que habría podido ocasionar daños mucho mayores.

¿Fue suerte? ¿Se equivocaron los meteorólogos? ¿O qué hizo que un huracán tan poderoso cambiara su camino?

Un giro que hizo una enorme diferencia

Los huracanes no siguen rutas fijas. Su movimiento depende principalmente de las corrientes de aire que los conducen a distintas alturas de la atmósfera. Podemos imaginarlos como enormes remolinos que viajan dentro de un río de aire: si cambia la dirección de ese río, también puede cambiar el camino del huracán.

En el caso de Simón, su movimiento pasó de dirigirse hacia el norte a desplazarse hacia el nor-noroeste y posteriormente hacia el noroeste. Esto representó un cambio gradual de rumbo de aproximadamente 45 grados hacia el oeste, suficiente para hacer una enorme diferencia por su cercanía con la costa.

Desde el sábado 10 de octubre, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) advertía que los modelos meteorológicos no coincidían sobre si Simón tocaría tierra o permanecería sobre el océano.

Durante la madrugada y la mañana del domingo, varios modelos comenzaron a mostrar trayectorias más occidentales. En su discusión técnica de las 9 de la mañana, el NHC confirmó que había ajustado nuevamente su pronóstico hacia el oeste.

En otras palabras, conforme llegaba nueva información, aumentaba la posibilidad de que el ojo del huracán permaneciera mar adentro.

¿Entonces los pronósticos estaban equivocados?

No exactamente. Un pronóstico meteorológico no es una certeza, sino una estimación científica que se actualiza conforme evolucionan las condiciones atmosféricas.

De hecho, el NHC había reconocido que la trayectoria de Simón presentaba una incertidumbre mayor de lo habitual. Una diferencia de unas cuantas decenas de kilómetros podía determinar si el huracán entraba a tierra o continuaba sobre el Pacífico.

Y las consecuencias habrían sido muy distintas: el impacto directo de un huracán categoría 4 puede provocar daños catastróficos, incluyendo destrucción de techumbres, daños estructurales severos, caída de árboles y postes, interrupciones prolongadas de servicios y una peligrosa marejada ciclónica.

Por eso, aunque las proyecciones comenzaron a mejorar, las autoridades mantuvieron las alertas y medidas preventivas.

Las montañas mexicanas también influyeron

Otro factor interesante fue la cercanía de Simón con las montañas de México.

En su discusión técnica del domingo por la tarde, el NHC explicó que la circulación del huracán comenzaba a resentir los efectos del relieve montañoso, aun cuando su ojo permanecía sobre el océano.

Las imágenes satelitales mostraban una estructura menos organizada y señales de debilitamiento.

Esto no significa que las montañas hayan empujado al huracán hacia el mar, pues su trayectoria dependía principalmente de las corrientes atmosféricas, pero sí pudieron contribuir a debilitarlo.

¿Qué dijeron las autoridades mexicanas?

La Comisión Nacional del Agua (Conagua), a través del Servicio Meteorológico Nacional, había advertido desde el sábado sobre la posibilidad de lluvias extraordinarias, oleaje de hasta ocho metros y vientos destructivos en Colima y Jalisco.

Conforme Simón modificó su rumbo, también cambiaron las previsiones de sus efectos. La Coordinación Nacional de Protección Civil reconoció el domingo que el huracán continuaría desplazándose prácticamente paralelo a las costas de Jalisco, aunque insistió en mantener las precauciones.

La disminución del peligro de impacto directo no significaba que hubieran desaparecido las amenazas por lluvias, inundaciones y oleaje.

No hubo impacto directo, pero sí daños en Colima

Durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum de este lunes 12 de octubre, la gobernadora Indira Vizcaíno Silva informó que, aunque el cambio de trayectoria evitó consecuencias potencialmente mayores, Simón dejó afectaciones en 71 viviendas y 35 comercios, además de inundaciones, derrumbes y daños en carreteras, escuelas y unidades médicas.

Señaló que se habilitaron diez refugios, donde se registraron 177 personas, y que continúan los trabajos de atención y recuperación. Destacó que el balance preliminar es de saldo blanco, sin personas fallecidas, lesionadas ni desaparecidas.

Para la noche del domingo, el NHC ya había retirado la advertencia de huracán para el tramo costero que incluye Manzanillo. Simón se encontraba a unos 200 kilómetros al oeste-noroeste del puerto y había descendido a categoría 3.

La mañana del lunes, el Servicio Meteorológico Nacional también había reducido considerablemente el pronóstico de lluvias para Colima.

¿Milagro o suerte?

Quizá muchos habitantes de Colima y Jalisco puedan sentirse afortunados, y tienen razones para ello. Una variación relativamente pequeña en la trayectoria de un huracán tan poderoso puede representar una diferencia gigantesca en los daños que ocasiona.

Pero, desde el punto de vista meteorológico, no ocurrió nada sobrenatural. Simón respondió a las fuerzas atmosféricas que determinan el movimiento de los ciclones, mientras los especialistas ajustaban sus pronósticos conforme recibían nueva información.

También quedó una lección importante: prepararse para el escenario más peligroso no es una exageración, aunque finalmente ese escenario no se materialice.

Porque esta vez, por fortuna, unos cuantos kilómetros hicieron una enorme diferencia para Manzanillo y Colima.

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