¿Pero qué significa eso? ¿qué implica? Pues primero tendríamos que pasar a definir qué es autonomía universitaria y qué objetivos persigue, porque si atendemos los mensajes del rector José Eduardo Hernández Nava y del gobernador durante la referida salutación nos daremos cuenta que para cada uno lo primordial del concepto es algo distinto: para el rector, que nadie toque el gobierno interno; para el gobernador, que se garantice la libertad de cátedra, de discusión y de investigación.
En la visión de “autonomía” del rector evidentemente no cabe una reforma a la Ley Orgánica que proponga cambios en los mecanismos de gobierno interno… ¿Y en la visión del gobernador? ¿creerá que el actual gobierno interno de la UdeC garantiza la libertad de debate y reflexión?
Es claro que parte de lo que buscan es llamar la atención, dar la nota, acaparar las portadas —algunas son fáciles de conseguir, quizás comparten a las mismas manos que mecen la cuna—. ¿Qué hay detrás? ¿desequilibrios emocionales? ¿rencores? ¿demasiado tiempo libre? ¿intereses políticos? ¿financiamiento de alguien para cumplir esos intereses políticos?
Más allá de si podemos responder esto con contundencia o no, como sociedad, amerita una reflexión, porque esta dinámica de confrontación, de estridencia, de reventar cuanto evento político se organice, parece que no va a parar; hay elementos para suponer que se va a ir incrementando y puede llegar a niveles peligrosos.