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Seguridad

Balazos, persecución y zozobra en Walmart Tecnológico en Colima

Este martes, alrededor de las 13 horas, un incidente armado se dio en el estacionamiento de la tienda de autoservicio Walmart Tecnológico en la capital de Colima.

Los testigos relatan 4 o 5 detonaciones de arma larga de una persona que caminando atacó a un vehículo que huyó del lugar. Coinciden en vestir con camiseta negra al atacante; difieren sobre los vehículos en que huyeron del lugar.

Roberto, que trabaja ayudando a la gente a cargar sus compras y guiar el tránsito en este estacionamiento, asegura haber visto un Nissan March rojo huir del lugar.

Una persona que prefiere no se mencione su nombre, pero que labora en una agencia de autos situada en la esquina de este estacionamiento, asegura haber visto a un Volkswagen Vento negro en actitud también de huida.

“Escuchamos un madrazo, pensamos que le habían chocado a una de las camionetas que tenemos afuera, pero fue que en la huida se subieron a la banqueta”, señala.

Ministeriales que acordonar la zona explicaron que recibieron el reporte de una persona herida, pero que al llegar sólo encontraron casquillos percutidos y una camioneta con un impacto de bala.

La Secretaría de Seguridad Pública explicó que montó un operativo posterior a los hechos en la zona aledaña a la avenida Sevilla del Río, para dar con los probables responsables de la comisión de un delito y en cuya persecución han respondido a balazos; hablan del robo de un vehículo, pero no han aportado más detalles.

Cerca de 10 minutos los clientes de Walmart estuvieron encerrados en el interior del establecimiento, pues la administración de la tienda cerró sus puertas en lo que las autoridades tomaban control de la situación.

Los clientes preocupados ante la falta de información sobre el incidente, tuiteaban que estaban encerrados en este supermercado; algunos recordaban lo sucedido en abril de 2016, cuando fueron asesinados en el mismo estacionamiento la estudiante Alma Hernández y el joven Pedro Navarro, ambos de 21 años.

—¿Qué pasó joven?—, se le acerca a este reportero un curioso señor que llega en moto.

—Un incidente armado, señor, al parecer sin heridos—, le respondo.

—Ah, ¿pero no hay muertito?… ah, vámonos—, agrega y arranca.

Tres señoras se preocupan porque sus vehículos quedaron en la zona ya acordonada por la famosa cinta amarilla.

A dos de ellas las dejan mover sus vehículos (aun cuando no habían hecho toda la labor pericial-forense en la zona), una más no tiene tanta suerte, se llama Alida, su camioneta Mazda recibió un impacto en la cajuela, es evidencia.

Una camioneta van blanca con policías estatales, encabeza un convoy con militares que a alguien busca por la zona norte de la ciudad.

Los Nissan Tiida, Hyundai Elantra y otros vehículos con —entenderíamos— agentes ministeriales recorren la zona, siempre con prisa, siempre dejando miedo por su ruta.

La gente sigue llegando al lugar del incidente y preguntando qué sucedió. Pocos se detienen más de unos minutos. Un par de adolescentes vestidas con su uniforme de secundaria ni siquiera voltean a los policías y la zona acordonaba, ya no les llama la atención.

Una sociedad que se comienza a acostumbrar a estos hechos y muchas preguntas que quedan en el aire, menciono cuatro: ¿Un criminal iba a asesinar a alguien?; ¿alguna corporación policiaca realizaba un operativo?; ¿cuántos delincuentes circulan armados todos los días por nuestras calles?; y, ¿será tan complicado, no digamos ya sacarlos de circulación, sino tan sólo dificultarles su camino?

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