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‘Ni lucimientos ni medallitas, se trata de salvar vidas’: Nacho ante el Covid-19

Es consciente de que Colima es el estado con menos casos y menos defunciones por Covid-19 en el país, pero también de que tiene un enorme desafío en la reconversión hospitalaria requerida, lo cual se traduce, a su vez, en un casi infranqueable reto financiero.

El gobernador Ignacio Peralta quería ser recordado por ordenar –o intentar ordenar– las finanzas de Colima y las pensiones de sus trabajadores; por recuperar como públicos espacios tales como La Campana o la antigua Zona Militar.

Pero sabe que la memoria de su sexenio la impondrá la crisis sanitaria (y económica) generada por una pandemia que nadie pudo anticipar. Un respiro a las malas noticias sobre la percepción que los ciudadanos tienen de su gobierno recibió cuando uno de sus colaboradores le compartió la encuesta realizada por Arias Consultores, en la que aparece como el gobernador mejor evaluado por la pandemia del Covid-19.

Lee: Nacho, el gobernador con mayor aprobación en acciones contra el Covid-19: Encuesta

Aún así, no olvida que la crisis no ha terminado, ni que, al estar en juego la vida de las personas, no es tiempo para mezquindades, lucimientos o cálculos políticos.

«Aquí no se trata de ponerse medallitas y de ganar popularidad», dice Nacho Peralta en entrevista con EstaciónPacífico.com.

«A mí me han calificado que he sido de los gobernadores que de manera más decidida y, técnicamente hablando, mejor hemos enfrentado la pandemia. Pero no se trata de reconocimientos ni de primeros lugares de nada, se trata de la vida de las personas, y yo creo que ahí ya es un tema donde debemos dejar de lado los colores partidistas, las diferencias políticas o el lucro político, el lucimiento personal… Es un tema donde está en juego la vida de las personas», insiste en esta charla desde Casa de Gobierno, a una sana distancia del entrevistador, a quien se le revisó la temperatura al ingresar al recinto.

El gobernador de Colima se dice consciente también de que hay algunos —a quienes no quiere mencionar por nombre— que están intentando aprovechar la crisis sanitaria para golpear a sus adversarios políticos o para lucirse, es decir, para hacer campaña, pero «mientras no estorben» a las políticas públicas para contener la pandemia… que hagan lo que quieran.

El reto es demasiado grande como para tener distractores. De algún lado requiere más 350 millones de pesos para que el sector hospitalario colimense esté listo para atender a los casos que las proyecciones que tiene en su poder indican que habrá en los próximos meses.

A continuación te presentamos la charla íntegra sostenida con el gobernador Ignacio Peralta.

 —¿En qué momento te diste cuenta del nivel del problema en el que estábamos entrando como sociedad? 

Desde que aparece el virus en China yo me preocupé mucho porque a través del puerto de Manzanillo hay un intercambio comercial, hay una importante cantidad de buques y de personal que llega de China.

Lo primero que hice fue hablar con el director del puerto, el capitán Héctor Mora. Le pedí que se coordinara con las autoridades sanitarias para que por ningún motivo entrara el virus. Inmediatamente se blindó esa parte.

 —No tan inmediatamente, hubo todavía un crucero que llegó… 

Sí, tomando las previsiones necesarias. El bloqueo no significa cerrar el puerto y que nadie llegue: es que la autoridad sanitaria, sanidad internacional, revise con mucha precisión y de forma muy estricta los protocolos para ver si hay alguien asintomático o un problema que tengamos que cuarentenar.

 —¿Crees que esto va a marcar tu sexenio? Yo pensaría que sí, definitivamente como que el resto importa poco comparado con esto que se da en la coyuntura de una recta final. 

Sí, yo pensé que a mi me podían recordar por el tema de la Zona Militar, el haber reubicado a los militares, el terreno de La Campana, que poco a poco va a terminar siendo un activo muy importante para los colimenses, la Ley de Pensiones con sus broncas. Parte de lo que estamos viviendo nos ayuda a decir que, si no hubiéramos tomado esas medidas dolorosas, la situación hacia adelante, financieramente hablando, sería peor que lo que estamos enfrentando.

Yo recibí la administración con más de 2 mil millones de pesos de deudas de corto plazo no bancarias: se le debía a sindicatos, a pensiones, a fondos federales, a la Universidad de Colima; una cosa muy complicada, y de esa manera lo que ha marcado mi sexenio es ir sorteando, resolviendo, superando dificultades financieras.

El primer Congreso, un Congreso que empieza muy complicado; este segundo Congreso tiene una personalidad totalmente distinta, pero tampoco es un Congreso fácil y en la parte legislativa ha tenido sus retos, en la parte financiera también.

Hemos intentado hacer algunos proyectos y transformaciones que generen memoria colectiva, pero estoy de acuerdo contigo, esto del ‘Covid’ hace que todo lo demás quede en segundo plano, pero además hace que las dificultades que ya veníamos enfrentando se incrementen en su grado de dificultad.

Con el Covid-19 hicimos tres escenarios: el optimista, pocos contagios y poca demanda de infraestructura hospitalaria; un escenario intermedio, que creo que es el que vamos a enfrentar finalmente, y un escenario pesimista, donde hubiera muchos contagios y una demanda desbordada de ventiladores, de camas de hospital, etcétera.

Un escenario optimista nos generaba una proyección de requerimientos financieros de alrededor de 350 millones de pesos, que no solamente no los tenemos, no están programados para el estado; si el Presupuesto de Egresos que autorizó el Congreso fue en noviembre, el virus aparece en China hasta enero, es decir, en noviembre no se preveía un requerimiento financiero para atender una pandemia como la que ahorita estamos enfrentando, de tal manera que todo esto es dinero que no estaba programado, no estaba planeado y hay que satisfacerlo, hay que atenderlo.

 —Desde el punto de vista de quien tiene una responsabilidad como gobernante, ¿cómo fue ese proceso? ¿Desde el primer momento entendiste que esto iba a marcar tu sexenio, que iba a pasmar la economía mundial y nacional? ¿O ha sido un proceso de ir entendiendo la magnitud del problema? 

Yo creo que el proceso, como te lo comentaba, inició en enero con la presencia del virus. Mi preocupación inicial fue el puerto de Manzanillo y lo que sí comenté a alguna gente cercana fue ‘no queremos tener el deshonroso honor o primer lugar de ser el estado por donde entra el virus’.

Finalmente el primer caso positivo detectado formalmente en México me parece que fue en Sinaloa, pero yo temía que fuera noticia nacional ‘Aparece el primer caso en Manzanillo’ por la probabilidad que implica eso, dado el intercambio tan fuerte que tenemos con China. Esto empezó a generar cierto nivel de conciencia; de manera creciente, el nivel de conciencia y de preocupación se va dando en función a cómo vamos entendiendo el comportamiento del virus.

Aquí hay algo muy importante, podemos hacer diferentes proyectos de infraestructura para mejorar la calidad de vida de la gente, para que haya espacios de recreación, de esparcimiento, de convivencia familiar; podemos crear leyes que nos mejoran nuestro entorno, nuestros derechos, y todo eso está muy bien, pero el tema del coronavirus y de la pandemia del Covid-19 es un tema donde está en juego la vida de las personas. Esto hace que cualquier otra posición, postura, proyecto, definición de política pública quede borrado casi de manera irrelevante.

Podemos perder nuestra empresa, podemos perder nuestro patrimonio, calidad de vida, pero cuando ya perdemos la vida ya estás hablando de otro nivel de conciencia y de atención de política pública.

Aquí no se trata de ponerse medallitas y de ganar popularidad. A mí me han calificado que he sido de los gobernadores que de manera más decidida y, técnicamente hablando, mejor hemos enfrentado la pandemia. Pero no se trata de reconocimientos ni de primeros lugares de nada, se trata de la vida de las personas, y yo creo que ahí ya es un tema donde debemos dejar de lado los colores partidistas, las diferencias políticas o el lucro político, el lucimiento personal… Es un tema donde está en juego la vida de las personas.

 —Hay algunos que, claramente, están aprovechando esto para hacer campaña ¿no? Pensando en las evaluaciones de opinión pública. 

Sin mencionarte nombres diría que sí, pero es un tema que debe de juzgar el pueblo.

 —Yo no decía que en el estado de Colima pero tú sí estás pensando en el estado de Colima… 

No, yo nomás dije que sí. Yo diría que sí, pero el pueblo, el electorado tendrá que evaluar.

 —¿No lo ves como una oportunidad? Si ves la encuesta de Arias supongo que también ves la de Mitofsky, y tú sabes los niveles de aprobación de tu gestión, que venían ya con muchas preocupaciones. ¿No lo ves como una oportunidad para enfrentar esto bien y, de alguna manera, en la evaluación de la ciudadanía, salir mejor librado? 

Te voy a dar un ejemplo: el DIF junto con el Gobierno federal entregan despensas al año, el Gobierno federal pone una parte y el DIF otra parte. En el DIF, en un año completo se entregan 5 mil 500 despensas, ahorita en dos semanas, casi tres semanas, llevamos repartidas más de 8 mil despensas, y no vas a ver una sola foto donde yo salga entregando una despensa porque no quiero mandar ese mensaje de aprovechar o de lucrar políticamente con algo que es muy grave.

Incluso lo he dicho: las despensas, permíteme la palabra, no son despensas catrinas, no son despensas caras, no son despensas para que me aplaudan, no son despensas para quedar bien con nadie; son despensas elementales, despensas que si la entregas en una campaña política a lo mejor te la regresan indignados porque la gente quiere una despensa muy bien armada. Aquí no. Están diseñadas las despensas por nutriólogos y están diseñadas con lo mínimo esencial para que una familia de cuatro personas pueda, no sé si decir vivir o sobrevivir una semana, porque ese estado mental es el que debemos de tener, ahorita estamos hablando de superar un problema que está amenazando nuestras vidas y que está amenazando nuestro sistema social. Es decir, si la gente tiene que estar encerrada en sus casas no puede salir a hacer su vida cotidiana.

 —¿No estás valorando que puede mejorar tu percepción con la atención de esta crisis? 

No es el objetivo ni se está buscando eso. Si es una consecuencia, así se da, pero no es el objetivo ni se está buscando eso. Yo estoy tomando esto con absoluta seriedad. Aquí en Colima –pasando esta cuarentena– está mi hija, una niña de 10 años, y sé que a ella le puede dar esta enfermedad; entonces lo hago por ella, lo hago por los colimenses, lo hago por proteger la vida de todos.

Me va a doler mucho, ya me está doliendo, ya tenemos dos decesos; hay un tercer deceso donde todavía no hemos confirmado si es por ‘Covid’ o no, porque, al igual que los dos primeros, el resultado de la prueba viene en camino cuando la persona lamentablemente fallece, pero vamos a informar con puntualidad. Si es positivo vamos a decir que el deceso es por ‘Covid’.

No queremos llegar a una situación donde haya solamente un ventilador disponible y tres, cuatro, cinco personas requiriendo un ventilador, porque vamos a tener que tomar decisiones de quién vive y quién muere. El que va a utilizar ese ventilador se le abre la posibilidad de vivir, pero quienes se queden esperando un ventilador… el tiempo va en su contra, la posibilidad de que sobrevivan es muy baja.

 —No sólo en Colima, en Jalisco se han hecho anuncios, algunos han cuestionado si son eficaces estas medidas o si son pensando en la opinión pública. A Alfaro lo han criticado por eso. ¿Cómo tomar estas decisiones de si no estás haciendo de más y afectando la economía? O si estás haciendo algo que puede mandar un mensaje de seriedad sobre el problema pero tal vez no es tan eficaz. Por ejemplo, yo me quedo con la duda: constitucionalmente, si alguien se pone necio en el filtro sanitario a la entrada del estado, ¿le pueden prohibir la entrada? 

Yo creo que hay temas legales que debemos cuidar, pero que también nos dan a nosotros como autoridades elementos de actuación, es decir, sí queremos que nuestra actuación sea absolutamente fundamentada en la ley.

No voy a decir nombres, pero he hablado con algunos compañeros gobernadores y les pregunto que cómo le van a hacer, y me llama la atención que nosotros estamos siendo muy estrictos en cuanto a darle fundamento legal. Por ejemplo, yo fui muy criticado cuando hice la declaración de emergencia sanitaria, eso fue el 18 de marzo, a mí me hablaron muy temprano al siguiente día de la Secretaría de Gobernación para preguntarme qué estaba haciendo; no fue un regaño ni lo permitiría, finalmente somos una autoridad autónoma: yo tengo soberanía constitucional y di mis explicaciones, y el comentario fue que llamó mucho la atención que hayamos hecho una declaratoria de emergencia.

Aquí hay varios razonamientos: el primero es que poner el binomio entre la economía y la salud es un binomio complicado. Nosotros dentro de ese binomio hemos dejado muy claro que no tenemos ninguna duda de que vamos primero a priorizar la salud; voy a poner un ejemplo, si después de la pandemia yo no privilegio salud sino la economía y viene alguien y me dice ‘oye, yo perdí a mi mamá, perdí a mi abuelo, a mi hermano’… es mucho menos difícil enfrentar la crítica de alguien que perdió su negocio.

El negocio trabajando se recupera, podemos ver incluso un apoyo, vemos de qué manera se puede conseguir un crédito, y trabajando el negocio se recupera, o habrá negocio, pero esa es una cuestión de trabajo. La mamá que se pierde, el hermano que se pierde, la vida que se pierde, eso no se puede recuperar, y por eso tuvimos esa claridad. Sí es muy delgada la línea entre lucrar políticamente o tratar crecer políticamente con esto, por eso hay que ser muy serios y muy contundentes, darle respaldo.

 —Es decir, ¿prefieres hacer de más que hacer de menos en el tema de salud? 

Lo hemos dicho también, que si bien es cierto que mucha gente ha respaldado estas acciones también es cierto que hay voces que no, y yo creo que son respetables.

 —Y sobre todo ante una pandemia que va a durar; no sé cómo lo estés viviendo tú, pero yo no me siento con la misma energía para verle el lado positivo al aislamiento social ahorita que hace dos semanas, y sobre todo pensando en lo que falta. 

Hay un desgaste físico, emocional, el estado anímico va cambiando, y es un tema que hay que ir administrando. Por ejemplo, en los filtros sanitarios: yo ordené la instalación de los filtros sanitarios el día 16 de marzo, era un día inhábil, era lunes y se empezaron a instalar de manera gradual a partir del martes 17. En menos de una semana ya estaban los 15 filtros sanitarios funcionando. Hemos revisado más de 650 mil personas en poco más de un mes que llevan los filtros, promedio de 20 o 25 mil personas por día.

 —¿Crees que ha servido de algo? 

Yo creo que sí, porque no solamente hemos detectado gente que traía sintomatología, sino que también disuade, y si disuade la movilidad ya ayuda. Sí hemos regresado gente que viene de Jalisco pero lo estamos haciendo acatando el mandato del Decreto federal, esto no lo hicimos antes del Decreto federal. El Decreto federal dice: ‘a ver, si tú no estás haciendo una actividad esencial te exhorto a que te vayas a tu casa’, entonces es un exhorto, no hay una obligación, pero el Decreto también dice en la fracción quinta del artículo tercero que si tienes más de 60 años o tienes un problema de comorbilidad, es decir, una enfermedad tipo crónico degenerativa, mujeres embarazadas, etcétera, entonces el resguardo domiciliario ahí es estricto.

Si nosotros estamos en el filtro sanitario y vemos una persona que tiene más de 60 años o una mujer embarazada o si tenemos información de que alguien padece una enfermedad crónico degenerativa entonces sí podemos actuar para exigir el resguardo domiciliario estricto, tal y como lo mandata el Decreto. Yo lo único que hago es generar condiciones para cumplir con ese mandato.

 —¿El principal objetivo de los filtros era disuadir? 

El principal objetivo de los filtros era identificar personas con sintomatología compatible que pudieran tener el ‘Covid’, para aislarlos, darles seguimiento y evitar fuentes de contagio. Ese fue el principal objetivo del filtro, y el filtro se pone en la etapa uno, que es cuando estás importando.

 —¿En la etapa dos hace sentido? 

No nada más hace sentido, sino que fortalece que hagamos lo mismo que hacemos en los filtros, pero como la etapa dos ya es dispersión comunitaria queremos hacer –y lo estamos haciendo– lo mismo que se hace en los filtros, pero en los hogares. ¿Cómo lo hacemos? A través de los kits preventivos que se están entregando a partir del DIF, donde vienen un termómetro e instrucciones.

Lo que estamos haciendo en los filtros es hacerlo tú mismo pero en tu casa. Yo no puedo ir a todas las casas a tomarle la sintomatología a toda la gente, pero si le digo cómo hacerlo y le doy el kit y le doy cubrebocas, entonces ahí tratamos de que la dispersión comunitaria se contenga.

 —Hemos visto lo que tu gobierno, a través de la Secretaría de Salud, le presentó al Legislativo. Los diputados me han compartido ese documento y parte de lo que fue la conversación. En ese documento hay unas cifras que a mí me generan preocupación. Algunas ya las mencionaste, hablas de distintos escenarios. En el de la fase 3 hay unos datos de intervención de 50%, 2 mil 192 hospitalizados, a lo largo de la pandemia 939 graves. Entiendo que esta proyección no los distribuye a lo largo el tiempo, sino que están hablando de toda la pandemia, pero también sé que lo que le explicaron los legisladores es que simultáneamente podría haber hasta 250 pacientes graves en el estado de Colima. 

Bajo estos escenarios yo coincido: no hay duda de que nos vamos a ir a fase 3. Ya es un tema de contagio masivo, de pandemia, y ahí es donde, quiero reconocerlo, que muchos colimenses han hecho lo del resguardo domiciliario, que nos va a permitir administrar mejor nuestros recursos hospitalarios. Una cosa es decir: ‘de acuerdo al modelo matemático debemos de tener de manera prevalente una capacidad de atender hasta a 250 pacientes graves’, es decir, ventilador, monitor y cuidados intensivos.

 —Pero se tienen 29 camas de cuidados intensivos en el estado… 

Es parte de la reconversión hospitalaria. En este momento estamos en plena implementación de la reconversión hospitalaria y aquí estoy haciendo uso de mi facultad constitucional de asumirme la autoridad sanitaria en el estado, y eso me genera capacidad jurídica para intervenir hospitales como el IMSS y el ISSSTE, que no están directamente bajo mi jurisdicción.

Lo primero que pensamos es: regla número uno, no podemos actuar cada quién por su lado, tenemos que tener una visión integral; número dos, no vamos a actuar atendiendo derechohabiencia, es decir, no le vamos a decir al IMSS o al ISSSTE ‘tú atiende tu derechohabiencia y yo como Estado a los demás’. La verdad es que ese escenario a mí me conviene, porque el resto de la población que no es derechohabiente, que no tiene seguridad social, y que sería a quienes yo atendería como Gobierno del Estado, es mucho menos que la derechohabiencia que tiene que atender el IMSS; sin embargo, no vamos a hacerlo así, imagínate que en un hospital llegue alguien del IMSS y que le digan ‘no te atiendo’.

Es un tema cronológico y con base en diagnósticos que permitan definir quién requiere atención hospitalaria y quién cuidados intensivos, como vayan llegando, entonces lo estamos viendo de forma integral. Un escenario optimista como bien lo dices hay tres escenarios: el optimista, el intermedio y el pesimista. Un escenario optimista a mí me genera un requerimiento de 350 millones de pesos, que por supuesto no los tenemos y que no están programados ni planeados gastar para eso esto.

 —¿Y luego? 

Tenemos que buscar mecanismos para financiarlos. Parte de esto tendrá que ser pagado por el IMSS y el ISSSTE, y es parte de lo que estamos haciendo.

 —¿De esos 340-350 millones? 

De los 250 ventiladores que necesitamos. Cada ventilador vale aproximadamente un millón de pesos, si necesitas 250 pues son 250 millones de pesos. Tenemos alrededor de 100, un poco menos en el estado, entonces necesitamos como 150. Pero necesitamos además camas, equipo de bioseguridad, etcétera. Eso es lo que nos genera estos requerimientos de inversión.

Estamos buscando los mecanismos. Ya encontramos manera de resolver la adquisición del tomógrafo, porque además es otra cosa importante: un hospital no puede ser hospital ‘Covid’ si no tiene tomógrafo, aunque sea uno elemental de 16 cortes, pero necesitamos un tomógrafo, si no, no puede ser considerado hospital ‘Covid’, punto. En el Hospital Regional Universitario no hay tomógrafo, hay una pieza de museo que es un tomógrafo muy viejo que no sirve y que está ahí porque simplemente nadie lo ha desarmado para llevárselo. Entonces, para poder ser hospital ‘Covid’ el HRU necesita un tomógrafo, y necesitamos ventiladores y necesitamos incrementar la capacidad.

Lo primero que estamos haciendo es ordenar la capacidad que ya tenemos, las instalaciones que tenemos, los ventiladores que tenemos y las camas que tenemos. Es decir, ya estamos organizados con lo que hay. En segundo lugar tenemos que incrementar la capacidad para llegar a una atención de terapia intensiva de 250 entre IMSS, ISSSTE y Gobierno del Estado, y ya vamos para allá. Yo ya, además de resolver la compra del tomógrafo, que es alrededor de 30 millones de pesos, estamos comprando 50 ventiladores, que ese lote me va a costar un poco más de 40 millones de pesos. Entre estos dos, el tomógrafo y los ventiladores van alrededor de 70 millones de pesos, más un primer lote que compramos de equipo de bioseguridad, pero necesitamos seguir comprando. Todo esto nos está generando una presión que no se tenía programada en materia de finanzas públicas.

 —Y que hay que financiarlo. ¿Cuáles son las vías? 

Hay tres maneras de financiar esto: una es redireccionando partidas, recursos. Por ejemplo, le hemos pedido al presidente de la República que recomponga el Fondo Minero. El Fondo Minero lo aplicábamos para infraestructura los estados y los municipios, y el año pasado se genera un cambio en las reglas para repartir el Fondo Minero en tandas de seis mil pesos a mujeres, a madres de familia. Lo que queremos es que se haga una excepción, para que los alrededor de cinco mil millones de pesos del Fondo Minero se lo utilicen para la emergencia ‘Covid’ y que se aplique en todo el país.

 —Pero eso no está en tus manos… 

No, pero se están haciendo las gestiones. Por ejemplo, ayer los alcaldes solicitaron que se redireccione el fondo del FAIS; también se van a hacer las gestiones, que se difieran pagos de CFE. Toda la liquidez que podamos cuidar para poderla direccionar a la contingencia, cada peso que se logre rescatar de eso va a ser muy valioso.

Lo segundo es gestionar recursos: yo le estoy pidiendo al Gobierno federal, ‘ayúdame’. Al final del día nosotros vivimos en un cerca de 80 o 90% de las anotaciones, transferencia y participaciones federales. ¿Por qué? Porque los impuestos los pagamos los colimenses, IVA, ICR, etcétera, pero los recauda la Federación. Colima aporta pero no lo recauda, lo recauda la Federación, luego no lo regresa y ahí es donde pedimos: si Colima está haciendo aportaciones tan importantes a los ingresos federales  –nada más la aduana de Manzanillo le da cinco veces el presupuesto de Gobierno del Estado, son más de 100 mil millones de pesos al año–, bueno, pues que nos ayuden con recursos para poder atender esta contingencia.

Y el tercero sin lugar a dudas es acudir a un requerimiento crediticio, es decir, pedir un crédito. Esto tendrá que ser discutido y aprobado por el Congreso del Estado. Ya los diputados han manifestado apertura para platicar el tema y ver hasta dónde el requerimiento se justifica y pudiera aprobarse.

 —Tendría que hacerse rápido. Cada vez, supongo, hay menos disponibilidad crediticia en el propio sector financiero. 

Sí, pero sobre todo hay una serie de procedimientos y ahorita el tiempo es vida. Si nos tardamos un mes más, ese mes, la inversión que se requiere en equipo, puede representar muchas vidas que pudieron haberse salvado.

 —Hay actores políticos que evidentemente están haciendo campaña, tratando de sacar lucro político, ya sea para enaltecerse o para golpear a quien asume que es el adversario en términos políticos, y lo vemos muy claramente en el ámbito nacional, también en el ámbito local. 

El tema de los actores políticos, que desde mi punto de vista miope, muy poco –afortunadamente– están intentando lucrar políticamente, lo que estamos haciendo es: mientras no estorben, ellos tienen el derecho de comportarse como ellos quieran, siempre y cuando no estorben la política pública, las decisiones importantes. Y, como lo dije hace rato, será el electorado, la gente quien evalúe este comportamiento y lo castigue o lo premie. Ese es un tema en el cual yo no estoy concentrado ahorita, excepto si están estorbando. Si estorban una decisión importante de política pública pues entonces ahí sí reaccionamos.

 —Regresando al punto con el que iniciaba, ¿coincides que el manejo de la crisis por el Covid-19 va a marcar tu gestión como gobernador? 

Yo creo que sí, me atrevería a decir que sí. No obstante, muchas cosas que se han logrado y que creo no son menores. Esto opaca o avasalla cualquier otra temática de la agenda pública. Yo tengo más de un mes que prácticamente estoy viendo sólo ‘Covid’, estoy atendiendo ‘Covid’. Dedico algo de tiempo a otras materias, sobre todo seguridad, que no lo podemos descuidar, pero lo que domina la agenda pública y seguramente va a ser la divisa dominante de la administración es cómo salgamos de esta.

 —De manera breve, ¿cuál es tu objetivo? ¿Cómo quieres salir? 

Yo quisiera salir como el estado con el menor indice de mortalidad. Creo que ese sería el mejor indicador, salvar la mayor cantidad de vidas. Está habiendo decesos, los va a seguir habiendo. Nunca hemos pretendido ni siquiera engañar o desviar la atención: va a haber muertes, y lo que queremos es que sean las menos posibles, que tratemos de salvar la mayor cantidad de vidas.



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