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Seguridad

Anel Bueno: Una sola cara del dolor, muchas caras de la impunidad

El dolor de una pérdida tiene una sola cara y no se puede ocultar.

La impunidad tiene muchas caras, todas se intentan esconder pero suelen ser muy evidentes; no hay antifaz, ni cubrebocas que permitan ocultarlas.

Anel Bueno fue despedida en su pueblo tres días después de que su cuerpo fuera encontrado y 36 después de que un grupo armado se la llevó por la fuerza mientras concluía una jornada de sanitización en el jardín de la comunidad de Tamala, en Ixtlahuacán.

El dolor de sus familiares y amigos no se puede ocultar, tampoco se puede fingir.

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El féretro con los restos de la diputada local por el distrito 16 fue trasladado al centro del jardín principal de Ixtlahuacán 16 minutos antes de las 16 horas. El mariachi tocaba “Sin fortuna” que habla de “gente hipócrita, ruin, vanidosa” y también de gente que “ha labrado su propio destino”.

Ya con el ataúd debajo de un pequeño toldo instalado para aminorar el impacto del sol y el calor de una tarde de junio, no hubo pandemia o sana distancia que evitara que familia, amigos y compañeros de Legislatura se acercaran para decir adiós.

A su madre, después de un rato de iniciado el homenaje, le acercaron una silla para que se sentara, el resto permaneció de pie. Su madre, la señora Emma Sánchez, fue de los primeros asistentes en no contener el llanto; sus familiares intentaban sin mucho éxito quitarle con un abanico el calor, o quizás el dolor. Seguía sudando. Y llorando.

 El adiós 

Francia Anel, la hija de siete años de la diputada brutalmente asesinada, superaba y silenciaba con el volumen de su llanto incluso al mariachi.

Karol Anel, su hija mayor, tuvo la valentía de tomar el micrófono y compartir la única carta que una niña de nueve años pudo haber escrito entre tanto dolor: “Te doy las gracias por darme la vida y tanto amor… Te voy a extrañar mucho”, sentenciaba para romperse ante las doscientas o trescientas personas presentes en el lugar.

Algunos de l@s compañer@s diputados de Anel también hicieron uso de la voz. Algunos con cierta torpeza si hablamos de un crimen que el Instituto Colimense de las Mujeres (ICM) ha catalogado como feminicidio, es decir, un homicidio por razones de género: dos compañeros diputados comenzaron haciendo referencia a su belleza física.

Otros buscando revivir fórmulas diseñadas para otros políticos colimenses muertos de manera inesperada: “el siempre gobernador” recordó uno y sugirió nombrarla “la siempre diputada de Ixtlahuacán”.

Todos hablando de su franqueza, de su buena voluntad, de su deseo de ayudar, de su alegría.

“No existen palabras que puedan expresar la impotencia que nos hace sentir la pérdida de nuestra compañera y amiga Anel Bueno”, dijo a diputada Claudia Aguirre, con algunas pausas por la voz que se le entrecortaba.

“Su nombre siempre evocará en nosotros esos pequeños momentos que compartimos a su lado: las ocurrencias, las carcajadas, su sonrisa y su optimismo ante la vida”, agregó.

“No hay palabras para poder externar el vacío que nos deja la partida de nuestra amiga Anel Bueno (…) una alegría permanente, una sonrisa, una sencillez, una honestidad”, coincidió Vladimir Parra, coordinador de su bancada.

“Que se aclare y se castigue… perdón, pero sino, no servimos para nada”, aceptó Rogelio Rueda.

Su compañera Ana Karen Hernández, diputada local del PT, no tomó el micrófono pero después de llorar muchos minutos ante el féretro se retiró del toldo ante su incapacidad para controlar su llanto y se le escuchó decir: “Mi amiga no merecía eso, no merecía eso”, mientras Claudia Aguirre intentaba consolarla.

La delegada Indira Vizcaíno fue el último personaje de la política que hizo uso de la voz. “No necesitamos seguir hablando de sus virtudes porque todos ustedes la conocían perfectamente: era una mujer muy sensible pero sobretodo una mujer valiente; Anel no se dejaba quebrar por nada”, mencionó.

“Yo lo único que quiero decirle a su familia y a sus hijas es que jamás permitan que alguien quiera manchar el nombre de Anel, era una mujer íntegra y valiente que siempre hizo lo que le dictaba su consciencia; no vamos a permitir que en este ni en ningún caso a ella ni a ninguna otra mujer la revictimicen”, añadió Vizcaíno.

Después tomaron el micrófono sus amigos que no formaban parte de la actividad política.

“Quiero decirles pequeñas, que van a ser como mi comadre: valientes, y que nada ni nadie les diga algo y que ustedes se queden calladas”, dijo a las hijas de Anel una vecina y comadre.

“Para todas estas personas que están aquí presentes, llámense diputados o senadores, no sé, que me da gusto que hayan venido, pero que esto no se quede así; siempre he dicho que por qué no luchar, por qué no decir lo que sentimos, por quedarnos callados y con la cabeza agachada… No debemos quedarnos callados, es el momento de hablar”, agregó.

Un exsacerdote que se dice amigo de la familia de Anel y que todavía se hace llamar “el padre Rafa” también dio un mensaje que habló de los intentos por manchar su nombre: “Yo le dije a la fiscalía, como padre y como familiar, no me duele que dudes pero compruébalo… De Anel se dudó desde los 13 o 14 años y ella siempre vivió con eso, pero una cosa es que se dude y otra que lo afirmes”.

 Recelo e impunidad 

Además de calor y dolor, de sudor y llanto, en el ambiente también había sospecha, tensión y desconfianza.

Decíamos que el dolor no se puede ocultar, y que las múltiples caras de la impunidad tampoco. Halcones en el camino a Ixtlahuacán, halcones en las calles que desembocan al jardín principal donde se realizaba el evento.

En la entrada de la cabecera municipal había un retén o filtro sanitario. Te checan la temperatura, pero seguramente la gente armada entra y sale sin problema.

Y cómo no sentir tensión, si asistieron a esta despedida y homenaje al menos un par de personas que las autoridades han interrogado y que sospechan al menos cierto conocimiento sobre lo sucedido.

Este reportero vio en el lugar a —al menos— un civil con un arma bajo la camisa.

La mitad de los asistentes portaban cubrebocas, pero muchos más buscaban de otras formas esconder su verdadero rostro.

Una señora mayor, de esas personas que no esconden nada, se le acercó a un compañero de Legislatura de Anel y le contó su historia: a un hijo se lo habían asesinado y nadie hizo nada. “Mientras no agarren” a tal persona, dijo la señora, las cosas no van a cambiar: y mencionó el apodo de un presunto criminal que es el mismo apodo que este reportero le ha escuchado a diversas autoridades con conocimiento del caso.

“Pero todos los gobiernos son unos corruptos, le tienen miedo y no hacen nada. ¿Dónde está el perro del alcalde (de Ixtlahuacán)?”, sentenció ante un legislador que la escuchaba atento, pero quizás no sorprendido, porque quizás él había escuchado ya antes el mismo apodo.

Carlos Carrasco, alcalde de Ixtlahuacán no estuvo en el evento. En una calle cercana su rostro estaba en una lona de propaganda electoral junto al de Anel Bueno. Tres policías armados hasta los dientes, resguardaban malencarados una de las entradas del palacio municipal, a escasos 50 metros del cuerpo de la diputada asesinada.

La del alcalde no es la única ausencia. Otros tampoco fueron.

La impunidad puede tener muchas caras: una es la incapacidad, pero las más repugnantes son la insensibilidad, la indolencia y la complicidad.

Lo que sabemos del asesinato y la localización de la diputada Anel Bueno

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