Type to search

Seguridad

Más que cifras: Perder, buscar, encontrar y enterrar a una hermana en Tecomán

Adriana supo sobre su hermana menor, Marcela —sus verdaderos nombres se omiten por razones de seguridad—, por última vez el 24 de septiembre de 2018, en Tecomán. En esa fecha inició el peregrinar por la localización de su ser querido, un calvario que culminó más de ocho meses después, en un predio a 13 kilómetros de la capital del municipio costero colimense.

Si bien no vivían juntas ni mantenían una comunicación tan estrecha, Adriana comenta que siempre estaba al pendiente de Marcela. Poco antes de la desaparición, la hermana de 26 años de edad había sido internada en una clínica de rehabilitación en Manzanillo, para reponerse de su adicción al cristal.

Una tarde, Adriana encontró en medios locales una nota que daba cuenta del hallazgo de dos cuerpos de mujeres, y ahí comenzó la pesadilla. Ninguno de esos cadáveres era el de Marcela, pero fue el punto de partida que la llevó a deducir que algo malo podría haber pasado a su hermana.

«Ella estaba pasando por adicción al cristal y acababa de salir de un centro de rehabilitación en Manzanillo. Creímos que, de cierta forma, le ayudaría a mejorar, pero no fue así. Su adicción no cambió nada, ella se juntó de nuevo con las personas que compartían su gusto por el vicio y decidió dejar de lado a su familia», dice a EstaciónPacífico.com en entrevista realizada mediante mensajes de texto.

«Teníamos poca comunicación a causa de que todo le molestaba. Un día apareció la noticia en Facebook del cuerpo de dos mujeres muertas en un lugar en Tecomán, y mi corazón se aceleró de sólo pensar que pudiera ser ella», añade.

Lee >> Desaparecidos en Tecomán: una nueva iniciativa para hacer frente a la barbarie

 ‘Todo podía ser posible’ 

Adriana refiere que un día antes de encontrarse con la nota periodística, había entrado en comunicación con Marcela, y si bien eso podría tranquilizarla, también pensaba en que «cualquier cosa podía ser posible». Alarmada por ese pensamiento, acudió al Servicio Médico Forense (Semefo) de Tecomán y supo que no se trataba de su hermana, pues los cadáveres ya habían sido identificados, pero decidió difundir en redes sociales algunas fotografías y datos sobre su hermana menor extraviada.

Un día después, una de sus amigas la buscó para contarle que su primo había estado con Marcela y tampoco lo localizaban. Coincidieron en que debían acudir a interponer una denuncia, y así ocurrió.

«Realmente es muy doloroso siquiera pensar en la posibilidad de ya no verla, pero la situación nos orilla a pensar lo peor. Los días pasaban y no daban respuesta de ella ni del otro muchacho», señala.

 Los días quitan la esperanza 

«Buscamos de una y mil formas dar con ella con vida, pero los días nos quitaban esperanza», asegura Adriana. Detalla que el día en que se enteraron del hallazgo de las fosas de Santa Rosa, «las emociones sacudieron sus vidas».

«Al escuchar la cantidad de cuerpos encontrados, era un caos para todos. Acudimos a pedir información y no nos decían nada, éramos muchas familias ahí en el Ministerio Público de Tecomán y sin respuesta», afirma.

Lee >> La Fiscalía de Colima hace corte final de las fosas de Tecomán; fueron 73 cuerpos

De acuerdo con la mujer, las muestras de ADN de su hermana ya habían sido tomadas, por lo tanto, la única opción era seguir esperando a que se diera a conocer la identidad de los cuerpos localizados. Pasaron los meses, y si bien se iban enterando de quiénes eran las personas que ahí se encontraban, de Marcela aún no había noticias. Luego llegó mayo.

«Un día, mi hermana menor me llama y me dice: ‘Ya encontraron a ‘Marcela’, en los cuerpos de las fosas de Santa Rosa», recuerda.

«No pude contenerme, solté el llanto y grite de dolor: ‘¡Te encontré, gorda! Pero yo no te quería así’. Me dolió el alma, no sabía qué hacer pero sí sabía que al aparecer el muchacho con el que desapareció estaría con ella… ¡y así fue!», agrega.

El 16 de mayo, las autoridades solicitaron que un familiar de Marcela acudiera a presentar nuevas muestras de ADN para corroborar los datos. Adriana asistió el 17 de ese mes.

Poco más de dos semanas después, el 2 de junio, agentes del Ministerio Público de Tecomán pidieron a la familia que acudieran a sus oficinas con algunos documentos oficiales de Marcela, pues iban a darles información.

«Se nos informo de que su cuerpo había sido reconocido entre los restos de las fosas de Santa Rosa (…) A la hora de que nos informaron del cuerpo identificado, todo fue rápido. Esa misma noche hicimos todo el trámite para reclamar el cuerpo y al otro día lo sepultamos sin percances», asegura.

 El dolor y la paz 

La tarde del 3 de junio, Marcela fue sepultada. Adriana no pierde de vista que el proceso que lleva a localizar a un ser querido es complejo, pero una vez alcanzado el propósito, llega la paz que tanto piden.

«El proceso es muy doloroso, pero una noticia, aunque sea de este tipo, para uno, no deja de ser la paz y tranquilidad que tanto pedimos».

—¿Qué cambió para ti, para tu familia una vez que pudieron cerrar este ciclo?

«El duelo fue difícil, aún nos cuesta superarlo, pero los días de cierta manera volvieron a ser normales. La desesperación, angustia, dolor y hasta la culpa de no haber hecho más, poco a poco desaparecieron», cuenta.

 Más que cifras 

El caso de Marcela es sólo uno de los cientos que forman parte de los «datos del horror» que conforman la crisis de desaparecidos en México; al menos 671 en todo el país en lo que va del sexenio, según informó la comisionada nacional de Búsqueda de Personas, Karla Quintana, de los cuales 115 corresponden a Colima.

«No se trata de números, se trata de miles de personas que están buscando a sus familias, y que están ausentes en sus casas. Estos datos del horror los estamos dando con todo el respeto y la responsabilidad desde el Estado federal”, dijo este viernes en la conferencia matutina del presidente, a la que asistió en el contexto del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzosas.

Esta historia da rostro a una pequeña parte de las que conforman la estadística: el de las víctimas de desaparición cuyos cuerpos son localizados y, eventualmente, entregados a sus familiares. En Colima, suman apenas 34 casos en que un cuerpo exhumado es identificado y recibido por sus seres queridos. Las cifras del gobierno federal refieren que Colima es la segunda entidad con el mayor número de cuerpos localizados en lo que va del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, y la primera en cantidad de restos entregados.

Lee: Colima repite como el estado 1 en fosas clandestinas; es 2 en cuerpos exhumados

Pero no todos los testimonios acaban así. Queda pendiente la resolución de expedientes como el de James Page, un joven estadounidense desaparecido el 25 de febrero de 2017 mientras visitaba a familiares en Colima; el de Kelsy Naomi, una niña ocho años cuyo paradero se desconoce desde el 19 de mayo de 2017, y otros más aún por resolver en la entidad. Hasta el 30 de abril de 2018, cuando se suspendió la actualización del Registro Nacional de Personas Desaparecidas (RNPD) de la Secretaría de Gobernación (Segob), sumaban 592 casos de desaparición y personas extraviadas en Colima.

Adriana pide a los familiares de desaparecidos en Colima que no dejen de buscar, pues está convencida de que «todos tienen derecho a sentir paz».

«Que no pierdan la fe y sobre todo no dejen de buscar a sus familiares, porque todos tenemos derecho de sentir paz. Nadie merece vivir con un dolor así», señala.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *